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Habitación de Allen Walker

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Habitación de Allen Walker

Mensaje por ChibiMoyashi el Jue Feb 24, 2011 11:25 pm


El sol entraba en la habitación por el pequeño ventanuco abarrotado, dando justo sobre las piernas del exorcista dormido como un gatito ovillado en la estrecha cama. Ni siquiera se había quitado las botas cuando se derrumbó pesadamente sobre la colcha, en cuanto volvió de los baños tras un buen rato de entrenamiento después de comer. Había caído rendido en un profundo sueño nada más tocar su cara la suavidad de la cama. Pero no fue el sol de la tarde lo que despertó precisamente a Allen Walker…

Sintió que algo le tocaba. Su pelo. Bajaba a la cara. Le hacía suaves cosquillas. Y no pudo evitar, aún con los ojos cerrados, dejar escapar una sonrisa.

- Mmm, ¿hoy venimos de buen humor – musitó con una voz ronca, propia de recién despertado, pero a la vez con un deje mimoso -, Kanda?

El cosquilleo seguía, bajando hasta su oreja, haciéndole sentir suaves tironcitos. De forma refleja, Allen encogió el hombro y rió suavemente mientras estiraba el brazo para acercar a la persona que estaba allí… o más bien, que debería estar, puesto que su brazo se quedó venteando el aire sin coger nada un rato. Así que abrió los ojos, y se encontró frente a su cara al golem dorado de su maestro, que había estado llamándole con sus pequeñas patitas hacía un momento. Su gesto se tornó algo decepcionado.

- Timcampy – pronunció en un tono acorde a su rostro, pero pronto le sonrió dulcemente, mientras el golem le daba un mordisquito en la nariz -. Está bien, está bien, ya me levanto – incorporándose, Allen metió la mano debajo de la cama – pero primero, vamos a merendar – se dijo feliz con unos radiantes ojos brillantes mientras sacaba una cantidad industrial de comida - ¡Itadakimasu!

Tanto el joven exorcista como Timcampy comenzaron a devorar sin parar como si llevasen sin comer una semana, hasta que algo que no tenía consistencia de comida dio con la dentadura de Allen Walker y lo hizo detenerse para observar lo que era.

-¿Y esto? – se dijo observando el libro que tenía en la mano, dándole la vuelta para leer la portada – “Cómo complacer a tu hombre y no morir en el intento” – leyó en voz alta, alegrándose al segundo de que nadie hubiera estado ahí para escucharle - ¡Oh, cierto, ya me acuerdo! – exclamó, al recordar el libro que le había prestado amablemente Lavi en su momento – Necesitaba algo para vengarme de Kanda por haberme dejado con las ganas la última vez que se fue de misión, ya lo creo que me acuerdo, aquel lanzamiento fue de los mejores que he hecho en mi vida, le dio de lleno – dijo orgulloso y bajó la vista al libro – Bueno, ya que cumplió su cometido, creo que ya es hora de devolvérselo y darle las gracias a Lavi.

En cuanto acabó de engullir, Allen se arregló la ropa y el pelo un poco antes de coger el libro y dirigirse a la puerta para encaminarse hacia la biblioteca, sorteando el tumultuoso desorden que era el suelo de su cuarto.

- Debería poner orden aquí un día – se dijo no muy convencido -… ¡bueno, ya lo haré mañana! – exclamó alegremente con una sonrisa y miró al golem dorado – ¿Vamos, Tim?

Y seguido por Timcampy, Allen Walker se dirigió con el peculiar libro bajo el brazo hacia la biblioteca en busca del Bookman Junior.


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ChibiMoyashi

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Re: Habitación de Allen Walker

Mensaje por ChibiMoyashi el Dom Mar 20, 2011 2:43 am

Allen llegó por su lado a la Orden y al final, no tenían misión para él sino para Kanda. Suspiró resignado echándose en la cama, tras sortear los obstáculos del desorden que tapizaba el suelo de su cuarto. Otra vez separados. Ya debería estar acostumbrado a ello, al menos ya era capaz de fingir total normalidad cuando mandaban al japonés de misión sin él para que nadie sospechara. Pero por dentro estaba que se subía por las paredes, a pesar de saber que Kanda era perfectamente capaz de cuidarse solo. Sin embargo, no podía evitar que se colase en sus pensamientos más de una vez sin darse cuenta, ya fuera por lascivia o añoranza por la abstinencia a la que le obligaba la fidelidad o al notar demasiada tranquilidad en la Orden sin sus desagradables comentarios y su arrogante actitud antisocial. Allen dio un nuevo suspiro, esta vez, más propio de una colegiala enamorada. No podía imaginarse su vida sin esas peleas y esa mirada de psicópata…

Entonces, recordó su escapada durante la cita y tanteó entre su ropa, buscando lo que Kanda no debía ver bajo ninguna circunstancia. No dudaba que le parecería raro que se ausentase a buscarle una flor, pudiéndola haber cogido por el camino sutilmente mientras iba con él, pero mientras no se interesase por la razón y confiase en él, no habría problema. Sin embargo, conociendo sus celos, era mejor que no supiera que había comprado un regalo para alguien y mucho menos para Lavi. Y no veía a Kanda como una persona materialista, pero quizás podría sentirse molesto si sabía el dineral que se había gastado en aquel pedacito de oro lleno de historia que sujetaba con sus dedos frente a sus ojos, comparado con el modo en que había conseguido el regalo que se llevó él. Por supuesto, los sentimientos de cada uno de los regalos eran completamente distintos… pero supuso que a Kanda eso le iba a costar admitirlo. Más aún cuando se dio cuenta de algo en lo que no había caído hasta ahora.

Allen tuvo curiosidad por ver que tal quedaba el anillo puesto y, tras desprenderse de uno de sus guantes, se lo colocó en uno de los dedos de su diestra, cerrando levemente el puño para admirar la lustrosa y curiosa pieza en su mano. Ah, realmente era precioso, a Lavi seguro que le encantaba, el pelirrojo era muy dado a complementos de ese tipo, y viendo que a él le quedaba un poco grande, en los dedos de su futuro dueño seguro que encajaba perfecto. Fue cuando se dio cuenta de que, aunque no era una alianza sino una pieza un poco más ancha y plana, un anillo no dejaba de significar compromiso. Los colores se le subieron de pronto a Allen Walker, al pensar con deseo en ello. Pero, ¿Por qué iba a querer él tener un anillo en el dedo? Automáticamente, imaginó la mano de Kanda con uno igual y su sonrojo aumentó, frunciendo el ceño y enfadándose consigo mismo por pensar semejante estupidez. ¿Por qué iba a quererlo tener Kanda? A ellos no les hacía falta nada material para saber lo que tenían, no al menos algo tan convencional (y caro)… pero no por ello dejaba de quedar bien en sus manos después de todo.

“Espero que Lavi no me malinterprete”, pensó el inglés, con una gota en la sien. Aunque sabiendo de su gusto por las mujeres tampoco se planteó esa opción como posible en su momento, por eso quizás no vio el significado del anillo más que la similitud con el adorno de su atuendo. No, no creía que le malinterpretase… al menos él, ya los demás no estaba tan seguro… Así que pensó que debía dárselo discretamente y sin que nadie los viera, sería lo mejor. Solo esperaba que el muy bocazas no lo fuera enseñando a todo el mundo y proclamando que él se lo había regalado, ya tenía suficiente con esconder lo de Kanda como para tener que estar pendiente de él también por eso.

El anillo volvió de nuevo a su escondrijo entre sus ropas y decidió que era ya hora de hacer algo para despejarse. Para la cena, debía llegar al comedor un Allen Walker radiante y hambriento que no tuviera ni idea de que Kanda se había ido de misión y, mucho menos, que le importara. Solo debía preocuparse de si Lenalee y Lavi ya habían vuelto de la suya, había oído que los habían mandado a Italia. Solo esperaba que el pervertido de Lavi no le hubiera hecho nada a Lenalee si no quería quedarse sin regalo y sin otras partes más útiles de la anatomía. A las chicas había que respetarlas por encima de todo. Ya si ellas se echaban encima de uno, eso era más complicado de manejar…

- Bueno, supongo que podría aprovechar para limpiar un poco esto, ¿nee, Tim? – le preguntó al golem dorado, que se posó sobre su cabeza al incorporarse sobre la cama para no quedarse pensando en las musarañas de ojos de psicópata. Así que arremangándose, se puso en pie y dijo con ánimo– Si no tardamos mucho, acabaremos antes de la hora de la cena, ¡vámos a ello!




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