Conectarse

Recuperar mi contraseña

¿Quién está en línea?
En total hay 1 usuario en línea: 0 Registrados, 0 Ocultos y 1 Invitado

Ninguno

[ Ver toda la lista ]


La mayor cantidad de usuarios en línea fue 19 el Mar Jun 25, 2013 10:00 am.
Buscar
 
 

Resultados por:
 


Rechercher Búsqueda avanzada

Últimos temas
» Juego del arriba, respuesta, pregunta
Mar Ene 17, 2012 9:53 pm por mauren

» Palabras encadenadas
Mar Ene 17, 2012 9:23 pm por mauren

» ¿Que escoges?
Lun Ene 16, 2012 10:46 pm por mauren

» ....
Vie Ago 19, 2011 5:34 pm por Azulina

»  Misión a Luxemburgo - Lea Fenikkusu y Kanda Yuu
Jue Jul 28, 2011 5:48 pm por Luna Mikk

» mmm... mejor diré Hola.
Jue Jul 28, 2011 4:53 pm por Luna Mikk

» Ausencia
Jue Jul 28, 2011 4:31 pm por Luna Mikk

» Misión a Luxemburgo - Lea Fenikkusu y Kanda Yuu
Miér Jul 27, 2011 6:10 pm por Lea Fenikkusu

» Muerte de compu u.u
Miér Jul 20, 2011 7:22 pm por Luna Mikk


[FANFIC] Sí, quiero (by Chibi)

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

[FANFIC] Sí, quiero (by Chibi)

Mensaje por ChibiMoyashi el Miér Mar 23, 2011 12:59 am

SÍ, QUIERO
[Kanda x Allen, Cross x Tykki, Krory x Lavi]
by Chibi

Resumen:

¿Alguna vez te preguntaste el por qué se casa la gente y el cómo vive cada pareja todo el proceso del matrimonio según sus circunstancias? Si quieres saberlo y reírte un poco con ello, acompaña a la pareja joven, a la falsa pareja y a la pareja prohibida en ese difícil camino hacia el “sí, quiero”.


Clasificación: +18
Avisos: Yaoi, Lemon
Parejas: Kanda x Allen, Cross x Tykki, Krory x Lavi
Género: Humor, Romántico, Drama
Estado: En Proceso




SÍ, QUIERO
[Kanda x Allen, Cross x Tykki, Krory x Lavi]
by Chibi



1

¿Quieres casarte conmigo?



La pareja joven +++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

¡Clink! Allen asomó la cabeza de la ducha al oír el aviso del horno y se apresuró a alargar el brazo para coger una toalla. Destilando agua abundantemente por el cabello corrió hacia la cocina mientras se la colocaba en la cintura. ¿Le habría salido bien? Ya era la tercera vez que lo intentaba, estaba visto que lo suyo era comer en vez de cocinar. Colocándose previamente sendos guantes de cocina, fue a abrir la puerta del horno y, al momento, sus ojos relucieron al ver lo que le hizo crecer una gran sonrisa. ¡Al fin!

El pastel no se había quemado ni se había quedado crudo, estaba en su punto esta vez. O al menos, eso parecía, luego comprobaría que le había quedado un poco seco… pero nada que no se pudiera arreglar con la cantidad industrial de ingredientes que había comprado especialmente para la cena de esa noche. De repente, un estornudo se encargó de recordarle que estaba en pleno diciembre con solo una toalla y el cuerpo mojado. Dejó el pastel a enfriar y fue entonces a vestirse, ya casi estaba todo listo pero se paró a mirar un segundo el reloj del pasillo. Las once y diez. Debía darse prisa, ya faltaba poco para que él llegara.

Para cuando escuchó las campanas de la iglesia más cercana repicando las once y media, el peliblanco estaba acabando de encender la vela del centro de mesa que amorosamente se había afanado en hacer para aquella ocasión especial. La mesa ya estaba puesta y la comida que no requería ser calentada, preparada para ser servida. El pastel estaba adornado y con el intento de haber sido solucionado un poco, aunque tampoco le preocupaba demasiado, pues la mayoría se lo acabaría comiendo él como siempre. Y tanto la casa como él mismo estaban más que arreglados y listos. Allen se abrochaba los puños la camisa, habiéndose vestido con el pantalón de pinzas que más bonito le hacía el trasero y los zapatos y la corbata más elegantes que tenía, cuando escuchó las llaves del dueño de la casa encajando en la puerta. Rápidamente, se acomodó el pelo, ya seco y más que peinado, y la ropa.

-Bienvenido a casa – le dijo al recién llegado con una sonrisa radiante, cuando le vio asomar por la puerta del salón.

Sin embargo, su adorable expresión no duraría mucho. Aquella no era precisamente la cara que Allen esperaba encontrar al verle.

Kanda estaba parado en la puerta del salón, con la katana envainada en una mano y una bolsa de deporte en la otra, y miraba su piso como si se hubiera cometido un asesinato en él. Estaba seguro que cuando se fue aquella mañana, la sobriedad de su casa no había sido invadida por la ostentosidad y la calidez de todos los adornos navideños que la atestaban en ese momento, así como por la cantidad de lucecitas parpadeantes que crecían como moho en cada rincón allá donde miraba. Pero viendo lo que había en la mesa y el idiota en pie junto a ella empezó a encontrarle explicación.

-¡¿Pero qué coño le has hecho a mi casa, baka moyashi?! – le gritó enfadado sin moverse de allí – No recordaba nada sobre una remodelación, solo de una cena – echó una mirada a la cocina desde su posición, lo cual le cabreó aún más -… y ya veo que más bien ha habido una guerra, tsk...

-Solo quería adornar un poco, es Nochebuena, Kanda – se excusó, intentando no explotar. Después de todo lo que se había esforzado durante todo el día y al final, conseguía aquello. No sabía si llorar o lanzarse a cometer un asesinato -. Pensé que te gustaría.

-Habértelo ahorrado - le espetó el japonés, yendo hacia su habitación sin siquiera mirarle a la cara, para soltar sus cosas – Ni estas mierdas me agradan ni toda la que has ido dejando por el piso, me juego algo a que el baño está casi igual que la cocina… – Allen le oyó maldecir en el cuarto de baño, antes de regresar al salón de nuevo – Maldita sea, ¿te crees que por tener una llave esta ya es tu casa?

Allen guardaba silencio, luchando por intentar encontrar una solución sin llegar a seguirle la discusión a pesar de las dulzuras que estaban saliendo por la boca del que se hacía llamar su novio. Sabía que a Kanda le gustaba su independencia sobre todas las cosas y que el trabajar tanto para conseguir mantenerla le hacía venir por las noches de mal humor. Por las mañanas, trabajaba ayudando en un dôjo y por la tarde, en la cocina de un restaurante asiático del que volvía ya bien entrada la noche. Y solo tenía 21 años. Intentaba entenderle todo lo que podía, así como buscar los momentos adecuados para hacerle pasar un buen rato y que se olvidara de las preocupaciones de la vida diaria, pero parecía que para Yuu Kanda nunca era suficiente. Y hasta Allen Walker tenía un límite en su paciencia.

-Tsk – gruñó el japonés ante el silencio perturbador del otro, yendo a retirar el espumillón que colgaba de la pared murmurando – Me quitas hasta el hambre.

-¡Pues perdóname por no ser tan perfecto como tú! – finalmente, Allen no pudo aguantar más y también se enfadó – Solo intentaba hacer algo bueno para ti, ya que tú nunca lo haces por mi – ah, los reproches. Cuando uno no se oye a sí mismo salen tan fácilmente… -. Siempre preocupado por el dinero y el orden, parece que no vives para otra cosa, ni siquiera tienes el detalle de proponer un plan aun sabiendo que no tengo inconveniente en hacer cualquier cosa, por simple que sea mientras sea contigo – Kanda había parado de trastear con el espumillón al oírle gritar - , pero siempre tienes trabajo o tu casa es demasiado sagrada para que alguien como yo sea digno de pisarla más que el tiempo que tardas en abrirme las piernas y correrte.

-¿Qué estás insinuando, Allen Walker? – le gritó a su vez Kanda, avanzando hacia él – ¡Si quisiera un agujero para meterla ten por seguro que no iría buscando el de un niñato de instituto desordenado y sentimentaloide que se cree con derecho a decirme cómo debo llevar mi vida cuando no tiene ni puta idea de nada!

-Poco se nota entonces – le asestó Allen, encarándole igual de amenazante que el mayor -, a no ser que haya más agujeros y yo no lo sepa. Aunque lo dudo, ¿qué imbécil querría estar con un anormal con flequillo de tazón que no sabe que el día tiene 24 horas y no todas son para trabajar y tener inmaculado su sacro santo hogar?

-Lo tengo justo delante – le miró de forma obtusa, casi con desprecio.

-Creo que te equivocas – los ojos de Allen ardieron al pronunciar aquello–. Se me ha quitado el hambre, así que me voy a limpiar mis desórdenes – se alejó de él para ir camino de la cocina -. Haz lo que te dé la gana Kanda, ya me da igual. Estoy harto.

Entonces, el brazo del japonés se cerró sobre el suyo y tiró con fuerza, atrayéndole de nuevo junto a él. Si unos ojos negros podían crepitar, sin duda alguna eran los de Yuu Kanda en ese mismo instante.

-Yo sí que estoy harto – musitó susurrante, como si reprimiera la ira más grande del universo toda concentrada dentro de su ser -. Maldita habichuela sabihonda, ¿no me oíste cuando dije que no tienes ni idea de nada? Hay cosas – la mano libre del japonés se internó entre sus ropas para sacar algo – que requieren esfuerzo y sacrificio para conseguirlas – era una pequeña cajita negra que le apretó contra el pecho de forma desagradable antes de soltarla para que Allen la cogiera. Su brazo quedó liberado al fin – La única cosa que he querido hacer por alguien, quería hacerla bien.

Allen bajó la mirada de los profundos ojos de Kanda para poner su atención ahora en la cajita entre sus manos tras escuchar sus palabras. Y nada más abrirla y ver lo que había dentro, comprendió con total claridad todo lo que le acababa de decir el silencioso hombre que tenía frente a él mirando sus ojos abriéndose como platos.

“BaKanda y Moyahi, forever hate”.

Eso es lo que había grabado en el interior de la alianza de plata que encontró entre el terciopelo azul de dentro de la caja.

El inglés levantó la vista cuando al fin reaccionó y encontró la de Kanda desviada hacia un lado, perdida entre esos horrorosos adornos navideños que tanto detestaba. ¿Sus mejillas no parecían más rojas que hace un momento? Con desagrado, el mayor regresó su mirada y, como si le estuviesen obligando a hacer la cosa más desagradable del mundo, pronunció sin ninguna ceremonia:

-¿Nos casamos? – al momento, volvió su atención a la pared, sobándose el cabello inconscientemente.

Allen miró otra vez la alianza. Una extraña expresión se instauró en su rostro mientras apretaba los labios y cerraba sus ojos, del mismo modo que hizo con la caja.

-Lo siento – pronunció con suavidad –, no puedo.

El silencio se hizo en la habitación. El flequillo de Kanda pareció cubrir su mirada y se alejó de Allen, regresando a su tarea de ir quitando los adornos que aún quedaban, con más saña que antes si podía. El peliblanco se limitaba a mirarle sin decir nada y sin cambiar su expresión.
Las campanadas de medianoche rompieron aquel silencio, cuyo repique parecía más intenso que de costumbre. Sin embargo, a medida que iban sonando, la cara de Allen iba cambiando, sin dejar de mirar la incesante actividad del japonés por la habitación. Hasta que el sonido de la última campanada se perdió en el aire y Kanda pudo oír a su espalda:

-Ya sí – dijo Allen, conteniendo la risa como podía -, ahora sí que puedo casarme contigo, Kanda – al voltear hacia él, vio como la alianza ya estaba en el dedo del más joven - Ya tengo los 18 – una enorme sonrisa surgió en su rostro aniñado, a pesar de la edad que acababa de cumplir en ese mismo instante, regalándole a Kanda la carita más hermosa que jamás le había visto en los tres años que llevaban juntos -. Feliz Navidad, baKanda.

Pero el momento bonito no duró mucho. Un proyectil en forma de pedazo de pastel impactó en la cara de Allen de repente. Cuando abrió los ojos tras el dulce golpe, se encontró con una sádica y sensual sonrisa de Kanda mientras se lamía los dedos llenos de bizcocho y nata, diciéndole:

-Vuelve a hacerte el payaso y seré yo el que no pueda casarse contigo – esquivó los restos del pastel que él había lanzado antes y ahora le eran devueltos -, no pienso casarme con un cadáver – ah, pero esta vez, Allen tuvo mejor puntería y Kanda probó de lleno el pastel, sin que su sonrisa se borrase – Joder, que seca te ha quedado esta guarrería moyashi…

Y entre risas y una guerra de comida que acabó en una deliciosa y lasciva firma de paz, tras la que siguió la cena propiamente dicha con lo que consiguió sobrevivir a la cruenta y ardiente batalla, Allen Walker y Yuu Kanda pasaron la última Navidad de su soltería.



La falsa pareja +++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++


Había estado tantas veces por allí que ya el barrio rojo no tenía nada de fascinante para él. Tykki caminaba por aquellas calles despreocupadamente pero sin perder la elegancia propia de su paso mientras daba caladas aburrido a su cigarro. Pasó la zona de las prostitutas ignorando a cada mujer que se le acercaba o le decía algo y se internó en la que se concentraban los burdeles de hombres. Aquí ya puso un poco más de atención, aunque continuase aburrido con aquella tarea. Los trabajos para su familia solían ponerle así, no era muy dado a recibir con gusto órdenes de nadie pero, en este caso, no tenía más remedio. No era conveniente tener descontento al clan Noah, aun siendo parte de él.

A pesar del frío que hacía, había mucho movimiento de clientela y mercancía en el lugar y, probablemente tras la medianoche aumentaría considerablemente, así que debía darse prisa. Si ahora era complicado encontrarle, intentarlo una vez llegado Año Nuevo podría ser imposible. Así que intentó recordar los malditos nombres de los burdeles que le había dicho Sheryl porque se estaba cansando de dar tantas vueltas por el lugar, no le apetecía dar la sensación de estarse exhibiendo como un chapero cualquiera. Aunque sería difícil pensar eso, con lo carísimamente trajeado que iba y lo lustrosa y bien recogida que llevaba su negra melena ondulada, más bien sería un gran objetivo para las mercancías, pero no descartaba que la lívido mal atendida de más de uno de los que pululaban por allí se fijase precisamente en él sin importarle si cobraba o no. No sería la primera vez que le ocurriera.

Por fortuna, dio con el objetivo saliendo de uno de los burdeles a los que estaba a punto de aproximarse, por lo que sin cambiar su paso ni su actitud, tiró el cigarro y se fue acercando sutilmente hacia los callejones cercanos para poder seguirle sin ser visto. Iba acompañado, como debía ir. Todo iba bien.

Siguió a Leverrier y al chapero que lo acompañaba, un muchacho rubio con una trenza, adentrándose en uno de los callejones más profundos. Debiendo tanto dinero a su familia era normal que no tuviese para pagarse una habitación en la que dejarse llevar por sus vicios, pero tenía entendido según informaciones de Sheryl, que a aquel tipo le gustaban los lugares públicos. Ciertamente, eso le vino muy bien.

Tykki se asentó tras una de las esquinas del callejón y se metió la mano en el abrigo, esperando. Le tocó aguantar una retahíla de gemidos y lascivos arrumacos que prefirió no escuchar pero que tampoco debía ignorar por mucho que lo deseara, tenía que estar pendiente al momento justo para hacer bien las cosas. Realmente se le hacía eterno y aburrido, siempre había que ir con impecabilidad en aquellos trabajos y eso era desesperante, ¿dónde quedaron esas persecuciones y esos tiroteos divertidos de los mafiosos de las películas? Ser uno de verdad era una estafa.

El volumen de los gemidos del chapero le alertaron de que ya lo estaba penetrando, por lo que ahora era el momento de tragar todo lo que escuchase y, para su desgracia, empezar a asomar la cabeza. Pudo ver que el objetivo estaba de espaldas a él, embistiendo al muchacho apoyado en la pared con el trasero echado hacia atrás. ¿Realmente algo así podía ser placentero?, pensó Tykki con desagrado un momento, comenzando a moverse felinamente para ir tomando posición entre las sombras. El ritmo aumentó y con él, la cercanía de Tykki. La pistola ya estaba en su mano. Sus ojos dorados, clavados en la nuca de Leverrier. Más rápido. Más cerca.

Solo fue un segundo. En cuanto el hombre echó la cabeza hacia atrás durante el orgasmo, los pies de Tykki se movieron con rapidez y alzó la mano, quedando el cañón de la pistola justo en la nuca de Leverrier. Un sencillo movimiento de su índice y el silenciador se encargó de acallar el tiro mortal que hizo caer el cuerpo inerte pesadamente al suelo mientras el chapero se incorporaba para alejarse. Tykki pudo ver el semen corriendo entre los muslos del muchacho. Sí, lo había hecho en el momento justo.

Tras pagar sus servicios y su silencio al chapero, Tykki salió de los callejones con un fajo de billetes menos en su abrigo. Sintió que se quitaba un peso de encima, ya podía volver a sus propios negocios al fin. Miró su reloj y aligeró el paso al ver la hora que era. 23:28. Iba a llegar tarde.

Diez minutos a paso ligero le llevaron a una zona de las afueras del barrio rojo. La calle estaba visiblemente más vacía, probablemente ya la gente se agolpaba en los bares y en sus casas para esperar el Año Nuevo en compañía. Tykki entró en un local que no estaba tan atestado como otros que había ido dejando atrás y, nada más llegar, unas mujeres le miraron seductoramente sonrientes desde el asiento de su mesa. Él les devolvió la sonrisa fugazmente y se dirigió a la barra. Aquello no era un burdel pero estaba lleno de prostitutas que iban por libre, aunque las chicas a las que había sonreído no lo eran. Se veían demasiado arregladas y naturales en sus gestos como para serlo, debían de ser clientas… buscando hombres por lo que acababa de comprobar. Pero él no venía por placer sino por negocios, así que hizo un barrido rápido por la gente que había en la barra mientras pedía algo de beber, buscando a su cliente.

Sin embargo, no había rastro de él y no sería porque no hubiese mirado bien, pues lo que se dice discreto no es que fuera precisamente su cliente… Así que como no tenía prisa ninguna, se entretuvo un poco en intercambiar miradas desde la barra con las dos mujeres que le habían coqueteado al entrar allí, al menos hasta que pareció que la atención de ambas volvía a lo que acababa de entrar. Y por sus caras, Tykki diría que era una muy buena presa.

Y llamativa nada menos, no era muy habitual ver entrar allí a un sacerdote. No al menos con su sotana de terciopelo negro y su cruz de oro al cuello mientras se acercaba a la barra con pasos firmes y muy masculinos. Al pasar junto a las mujeres, que no se cortaron un pelo en mirarle del mismo modo que hicieron con Tykki, se las comió con los ojos regalándoles una sonrisa ladeada, pero no fue hacia ellas y se quedaron extasiadas, viendo alejarse de ellas aquella larguísima melena roja y rebelde. Para sorpresa de ambas, fue a sentarse junto a Tykki en la barra pero éste no se sorprendió ni un ápice. Le estaba esperando. Como también esperaba lo que iba a hacer Cross Marian a continuación.

Tras beber de un trago lo que acababa de pedir mientras se sentaba, dirigió de nuevo su lasciva mirada carmesí a las mujeres que nos les quitaban ojos a ambos para, a continuación, y como si fuera la cosa más normal del mundo, meter la mano bajo el abrigo de Tykki. Éste se dejó hacer con tranquilidad.

-Siento el retraso, soy un hombre ocupado – le dijo el sacerdote con una voz demasiado seductora como para poder ignorarla, buscando algo bajo el abrigo ajeno – Mmm, vienes de trabajar por lo que veo.

-No tengo prisa, podía esperarte tanto como desearas – fue la profunda respuesta de Tykki, sonriendo como un buen profesional mientras le seguía el coqueto juego -. Prueba en el otro lado.

Cross movió la mano y tanteó donde le decía, mientras las dos mujeres no podían creerse que aquella tentación del destino estuviera metiendo mano en lo que parecía la entrepierna de la primera que habían divisado, la cual no parecía disgustada en absoluto.

-¡Santa María! Menudo tamaño – exclamó, casi relamiendo las palabras – Me muero por verla…

-Pues vamos – Tykki acabó su bebida e hizo ademán de levantarse -, será un placer enseñártela.

Seguido por el sacerdote como si fuera un perro en celo, Tykki se encaminó a los lavabos, dedicándoles ambos hombres unas miradas traviesas a las mujeres al pasar junto a su mesa. Sobra decir que les faltó el tiempo a las dos para devolvérselas y aprovechar su ausencia para planificar su estrategia de ataque, no podían permitirse dejar escapar dos suculentas presas así y menos, tan dispuestas por lo que parecía.

Pero una vez que Tykki y Cross entraron dentro de la misma cabina en los servicios, se acabó la pantomima. No era hora de placeres sino de negocios. Al abrirse el abrigo, Tykki le mostró el arma que había estado tocando antes y, ciertamente, tenía un tamaño bastante considerable. Se la tendió, sentándose en la tapa del retrete para encenderse un cigarro mientras el otro la tomaba entre sus manos enguantadas con delicadeza y la observaba con admiración.

-Menuda belleza, calidad superior – musitó Cross, analizando cada parte igual que una pieza de arte y trasteando con ella como si hubiese nacido con una en la mano -. Con lo limitadas que son, no pensaba que pudieras conseguirla – su atención se fue ahora a los dibujos de cruces grabados en el cuerpo, de un blanco inmaculado -. Y estos trabajos son magníficos, pero no recuerdo que existieran modelos con ellos, ¿son una personalización quizás? Incrementarían su valor de forma considerable desde luego.

-Celebro que te gusten, son un regalo – le aclaró, dando una calada -… de despedida, si quieres ponerle un posible porqué – Cross dejó de mirar la pistola para posar sus ojos en él -. Voy a dejar el negocio.

-¿Qué? No me jodas – el sacerdote buscó algo entre sus ropas –.Tengo clientes esperando, Tykki, no puedes dejarme tirado ahora.

-Pues tendrás que buscarte otro que te consiga las armas – tomó el pago que acababa de sacar Cross de su sotana -, mi familia está empeñada en centrarse en el tema de las drogas, dice que es más seguro y da más dinero – Cross se peleaba bruscamente con el mechero, intentando encenderse un cigarro para bajar el cabreo de la noticia – y con tal de que dejen de presionarme para que me case de una vez, creo que haré ese sacrificio – Tykki tiró de la ropa del otro para que bajase hasta su altura y poder prenderle el cigarro con el suyo propio hasta que lo consiguió -. Me jode tanto como a ti pero demasiado tiempo he podido llevar el negocio por mi cuenta, ahora ya no me queda remedio.

-Y encima drogas, los Noah no paráis de joderme – musitó, dando una calada amargado, pues sus negocios no solo se limitaban al contrabando de armas, su laboratorio también era de gran ayuda. Las mujeres eran muy caras - … No me apetece perder el tiempo buscando a otro que me consiga las armas teniendo ya uno que me hace bien el trabajo y encima, tener más competencia con las drogas. ¿Por qué no te casas y que les den por el culo?

-¿Te ríes de mí? ¿En serio me ves casado y atado a una vida aburridamente hogareña y familiar? – Tykki no sabía si reír o llorar pensando en ello – Si es mi propia familia y ya me cuesta escaparme de ellos y de sus negocios aun con la edad que tengo, no quiero ni imaginarme teniendo que aguantar a una mujer toda la vida y quién sabe si hasta niños… - ambos sintieron un escalofrío al pensar en la paternidad.

-Eso díselo al estúpido de mi alumno, que cree que lo más sensato que ha hecho nada más cumplir los 18 es comprometerse con el… - en ese momento, una iluminación cruzó la mente de Cross Marian con una idea tan loca e insensata como la que había tenido Allen de querer casarse nada más cumplir la mayoría de edad, en vez de aprovechar los privilegios que ello suponía en la soltería – Tykki – le dijo, mientras éste le miraba expectante ante su cambio repentino - ¿Por qué no te casas conmigo?

El cigarro se le cayó de la boca automáticamente al oírle.

-Estás… estás loco, Cross Marian – y empezó a reír a carcajadas. ¿Cómo podía imaginar al sacerdote diciéndole algo como eso y a él precisamente?

-Siéntete afortunado, ninguna mujer conseguiría oír eso de mi boca jamás, tengo demasiado placer que repartir por el mundo – dio una calada divertido y luego le encaró, para que dejara de reír y le escuchase en serio -. Piénsalo, Tykki. Si nos casamos, las armas que consigues pasarían por un intermediario menos, pues ese dinero entraría en las mismas arcas, y ganaríamos más con mis clientes; podría colaborar con los Noah en el tema de las drogas y habría menos competencia y tu familia dejaría de una vez de atosigarte con que te cases, pues el heredero ya está casado y tiene descendencia y me consta que Sheryl no es precisamente discreto en sus preferencias sexuales, por lo que no creo que causase ningún problema a los Noah el aceptar un matrimonio homosexual y, en el caso de que lo hubiera… estoy seguro de que se encargarían de solventar lo que hiciera falta con tal de no perder las ventajas que pueden conseguir en sus negocios, si algo es tu familia, es pesetera a muerte.

-Oh, gracias, creo que les caerás muy bien a todos hablando así de ellos – le dijo con sorna con una mirada obtusa - ¿Y aparte de dinero, qué gano yo durmiendo con un hombre todas las noches?

-Libertad - respondió tranquilo Cross, pasándole el cigarro – Eso del amor eterno y la fidelidad hasta que la muerte nos separe que se lo quede la iglesia, yo no pienso dejar ni mis mujeres ni ninguno de mis vicios y tampoco pretendo obligarte a ti a dejar los tuyos – Tykki dio una calada, escuchándole con interés -. Con que seamos un poco menos obvios con ellos y hagamos una buena actuación frente al público, no tiene por qué cambiar nada salvo el hecho de compartir el mismo techo – ahora, tomó el cigarro Cross para dar una calada él -. Compraremos una cama de matrimonio enorme, así ni siquiera podrán decir que no dormimos juntos.

-Y tú, además de dinero, ganas… - preguntó con sutil curiosidad. Aún le seguía pareciendo extraño que el hombre que tenía delante estuviese hablando en serio cuando le mentaba el matrimonio y con un hombre precisamente.

-Atractivo – sentenció al segundo, tomando una pose deliciosamente altanera -. Las mujeres quieren hombres morbosos, imagina el grado que podría conseguir siendo un sacerdote bohemio y atractivo casado con un hombre hermoso.

-Vaya, gracias, acabarás convenciéndome para que te diga que sí – le agradeció divertido, gustándole cada vez más ese descabellado plan. Igual podía hasta funcionar y si no lo hacía… seguro que sería divertido o al menos, interesante.

-Bien, ¿pues qué me dices? – le tendió la mano - ¿Te casas conmigo o tengo que ir a comprarte el anillo para que me digas que sí?

-Está bien – le estrechó la mano -, casémonos.

Cross tiró el cigarro consumido al suelo y apretó su mano, sonriendo satisfecho.

-No te arrepentirás, será el mejor trato que habrás hecho en tu vida.

-Con que sea el más divertido me vale por el momento.

Y la falsa pareja rió ante la idea de llevar a cabo aquel estrambótico plan, dentro de aquella cabina de baño público, sellando el mismo con el comienzo de las campanadas que marcaron su falso compromiso antes de que terminara la Nochevieja.



La pareja prohibida +++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

AVISO: Partes Lemon:
Uno de los hermanos tuvo que ir a llamarlo, sorprendiéndose bastante de verlo todavía en la biblioteca trabajando. Lavi no se había movido de allí en toda la noche y parte del día, aunque no había estado pasando registros y documentación precisamente. Eso solo sería su excusa para después...

Bostezando y con visible mala cara por la falta de descanso, el pelirrojo acompañó a su compañero, pues había que preparar todo para la cena de Nochevieja. De hecho, como novicio le correspondían las tareas más duras y menos gratificantes, a su entender, de todo el monasterio. Él prefería el trabajo en la biblioteca y más aún, los viajes en busca de libros y otra documentación que se encargaban de recolectar y guardar los hermanos de la Orden de la Sagrada Sabiduría. Aunque también se los conocía como la Orden de los Bookman, por la cantidad de información que había tanto dentro de aquellas paredes como de los hombres que allí habitaban. Pero como desde que era bien pequeño, Lavi había demostrado mucha curiosidad y gran interés por los libros, el padre superior le permitía escaquearse de vez en cuando para trabajar en la biblioteca y le había dado permiso para ir a algún que otro viaje también. Haber sido criado en el monasterio no había sido tan malo después de todo pues, en el fondo, todos lo veían en mayor o menor medida como el niño pequeño de todos, a pesar de contar ya con los 21 años.

Después de casi incendiar la cocina y mermar la vajilla buena a la mitad, le mandaron a su celda para que durmiera un par de horas al menos hasta que llegase la hora de la cena. El zombi de Lavi fue a obedecer, interiormente triunfante. Su plan estaba saliendo como estaba previsto.

Llegó tarde a la cena porque no había manera humana ni divina de despertarle, así que hubo que llamar al padre superior, un hombre menudo y con unos ojos que le habían hecho ganar el sobrenombre de Panda por parte de Lavi, el cual era el único capaz de despertar al perezoso novicio con sus temidas patadas voladoras. Dolorido, medio dormido y todavía cansado por la falta de sueño y la pantomima que se tenía montada, Lavi se acomodó en su sitio en la mesa del comedor comunal, donde se llevaron a cabo primero los rezos y luego la cena de Nochevieja, donde todos recibieron juntos el nuevo año mientras el pelirrojo parecía ir muriéndose un poco más con cada segundo que iba marcando el reloj, cosa que no pudo seguir ignorando el padre superior por más tiempo y le dio permiso para retirarse, dispensándole de los rezos de la madrugada por todo lo que había trabajado últimamente.

Lavi le dio las gracias y se fue para regresar a su cuarto, tan zombi como había llegado al comedor. Sin embargo, en cuanto llegó al patio central al aire libre, pareció que la brisa fría de la noche le revitalizó e inició una carrera hasta su celda, donde pareció ir a contrarreloj por las prisas que estaba llevando nada más cerrar la puerta. Pues realmente, sí que iba a contrarreloj después de todo.

Las 00:30. Tenía hora y media para llegar. Metió la mano bajo la cama enseguida y sacó una bolsa con ropa. Una camiseta con amplio escote, un pantalón blanco algo ajustado, unas botas, unos bóxers bien sexys… sí, estaba todo. Cogió a continuación una toalla también y fue directo al cuarto de baño, se dio una rápida ducha de cinco minutos y se secó el pelo mientras se vestía a la vez, algo en lo que, aunque pareciera increíble, ya tenía mucha práctica. Sin parar, se colocó de nuevo el parche sobre su ojo derecho y regresó a la celda a la carrera. Una vez allí, cogió su bandana, sus mitones, su abrigo y su bufanda y se las colocó sin aminorar la velocidad. Luego, metió todo el relleno que pudo bajo las mantas de su cama, como si fuera él el que estuviera debajo durmiendo. En la oscuridad no se notaría nada en absoluto la diferencia. Cuando ya creía estar listo y estaba a punto de salir de allí, se acordó de pronto de algo y regresó junto a la cama, abriendo uno de los cajones de su sencilla mesilla de noche para rebuscar en él un momento, hasta que dio con lo que casi se le olvidaba.

Se deshizo de los aretes dorados que tenía en las orejas, pues los novicios aún no podían ponerse los pendientes alargados de los bookman hasta que no se ordenaban, y se colocó los aretes negros que acababa de encontrar. Sabía que le gustaría vérselos puestos y Lavi no le iba a privar desde luego de ese gusto. Además, se veía más cool que con los dorados, todo fuera dicho. Pero no había tiempo que perder, se le hacía tarde y debía recorrer aún un largo camino, así que una vez comprobó de nuevo que no olvidaba nada antes de irse, fue hacia la ventana de su cuarto y la abrió, dejando que el frío le diera en la cara al colarse dentro mientras su cuerpo iba en dirección contraria a la intrusiva brisa.

Cuando sus pies se asentaron en el filo rocoso de la pared exterior, cerró la ventana y, cuidadosamente, fue caminando con la espalda pegada a la pared y su bufanda ondeando al viento. Cuando estaba próximo al tejado, se paró y calculó más o menos para impulsarse un poco y asegurarse de caer bien en él y no resbalarse. Bien, ahora venía lo difícil. Sin perder el cuidado, subió hasta la unión de las dos aguas del tejado y observó el árbol que había al final de él. Era una inmensa higuera que llevaba más años que él mismo en el monasterio, pero el problema no era que le aguantase el peso. Más bien era la distancia, pues estaba a un par de metros del edificio y tendría que coger carrerilla para llegar a ella. Solo daba gracias de que la veleta estuviese en el lado opuesto del tejado.

Finalmente, Lavi se decidió y se puso en pie sobre la unión del tejado, agradeciendo de nuevo que ésta fuese más ancha y aplanada de lo normal, cosa que no quitaba que la humedad de la noche pudiera jugarle una mala pasada si decidía no esperar a la mañana para asentarse del todo allí, así como que su cansancio no colaborase y le hiciera estragos en su equilibrio… pero Lavi no quería pensar en eso, sino en la causa de que estuviese a la una de la madrugada corriendo por un tejado bajo la luz de la luna, pues eso merecería todas las caídas y huídas que hicieran falta y más.

Llegando al borde del tejado, dio un gran salto y echó el cuerpo hacia delante, quedando menos de un segundo la silueta de su cuerpo sobre la luna antes de caer pesadamente sobre las fuertes ramas de la higuera, en las que se apresuró a tomar agarre hasta que pudo tener asentados los pies y la situación. Se detuvo un momento y recuperó el aliento, más por el instante de tensión que por la carrera en sí, pues no estaba en mala forma realmente. Huir de las obligaciones era en verdad un buen ejercicio. Una última respiración honda para calmarse y descendió del árbol sin ningún problema, llegando a dar finalmente con sus pies en el suelo para retomar la carrera, esta vez para volver a trepar, ahora por las puertas de hierro exteriores del monasterio.

Pero una vez fuera al fin, no podía tomarse ningún descanso. Debía correr más y darse aún más prisa. ¡Rápido! Tenía que llegar antes que él y aún le quedaba un largo trecho por recorrer… ¡Rápido, Lavi! ¡Rápido!

Sin embargo, alguien no estaba tan acelerado como el pelirrojo en ese momento…

Krory abrió los ojos, todavía algo adormilado. Le costó un poco ubicarse, no es que estuviese acostumbrado a viajar y mucho menos a dormir en un lugar que no fuera su enorme cama, a pesar de ser uno de los pocos que estaban disfrutando de la primera clase. De hecho, podría decir que no había más de cinco o seis personas allí en aquella parte del avión. Realmente viajar en aquellas fechas no era ni barato ni buena idea, pero a él no le quedaba más remedio. Había que ir cuando se podía.

Dio un suspiro y se incorporó levemente, notando un crujido que le hizo soltar un espontáneo gemido de dolor y llevarse la mano al cuello. Se había dormido sin la almohada, otra vez. Cuando el dolor se disipó un poco, miró por la ventanilla y no vio mucho más que su reflejo en la oscuridad. La última vez que miró, había un mar de nubes en un cielo azul precioso. Era como un desierto blanco. Le habría gustado que él lo viera, estaba seguro de que le encantaría. Las 2:00, vio en su reloj. Iban con retraso, la escala en Viena se había alargado y él llevaba todo el viaje desde allí sufriendo porque no podía avisarle aunque quisiera. Solo esperaba que no tardasen mucho más, odiaba llegar tarde cuando le iba a ver.

Viendo que al menos faltaría una hora más para llegar, Krory decidió levantarse para estirar un poco las piernas, llevaba casi 6 horas de viaje y realmente estaba agotado y harto de avión. Demasiado acostumbrado a caminar. Dio una vuelta por el pasillo, aprovechando para preguntar a una azafata lo que él ya sabía pero necesitaba confirmar. Sí, una hora más al menos. Le agradeció la información educadamente y continuó dando vueltas con la cabeza en otra parte, más abajo, mucho más, ya en tierra y abrazando a la razón de que estuviese aguantando semejante paliza de viaje. Hasta que su vejiga le recordó su existencia para devolverle al mundo real, al ver que el lavabo estaba libre cuando llegó junto a él y se decidió a entrar.

Calmada ya una necesidad física, se miró al espejo mientras se lavaba las manos, recordando de nuevo la otra. Tenía tan mala cara a causa del jet lag y el cansancio propio de tanto viaje, al menos eso fue lo que él pensó. Se echó agua en el rostro con energía, intentando de esa manera mejorarlo un poco, pero solo consiguió visualizar una mala cara mojada junto al goteante mechón blanco que formaba su flequillo. Suspiró resignado.

-Lavi – salió de sus labios en un susurro, quedando sus ojos decaídos clavados en el agujero del desagüe un rato en silencio, aunque lo que estuvieran viendo realmente en ese instante fuera la enorme sonrisa de la persona cuyo nombre acababa de pronunciar.

Saliendo de su ensoñación, metió la mano entre sus ropas y sacó una pequeña cajita roja, abriéndola a continuación para observar lo que de sobra sabía que encontraría dentro. Evidentemente, la alianza de oro no se había movido de ahí. Krory siguió el dibujo de los grabados en su superficie, los cuales estaban cubiertos por finísimas formas de rubí adaptándose a los dibujos sin que tuviesen aspecto de pedrusco, tan propios en los anillos de pedida de las mujeres. Había buscado muchísimo, quería un anillo digno de Lavi y que no fuera tan formal como lo requería la ocasión especial para la que lo había obtenido, pues él era precisamente de todo menos formal. Quizás eso era una de las cosas que más le gustaban de su pelirrojo, lo espontáneo y vivo que era. El espejo le devolvió el reflejo de una dulce sonrisa en su cara, que ya no parecía tan mala después de todo. Entonces, Krory cerró la cajita y alzó la vista al espejo, enderezándose de repente y carraspeando como si estuviese a punto de dar un discurso importante. Y como si estuviese hablándole a alguien, empezó a gesticular con la caja mientras le decía a su reflejo:

-L… Lavi - tragó saliva -… ¿t- t- t- te… qu-qu-quie-res ca-ca-cas – la cara de Krory parecía una placa vitrocerámica empezando a encenderse – cas-cas-cas – la voz se le iba perdiendo y su tartamudeo empeoraba por culpa de los nervios. No quería ni imaginar cuando tuviera al otro delante… - cas-cas-ar conm…?

De pronto, unos golpes en la puerta del baño le sobresaltaron de tal manera que la cajita se le abrió violentamente y la alianza voló por los aires, seguida de inmediato por los desencajados ojos de Krory que hacía malabarismos para poder cogerla antes de que fuese a caer a un sitio inaccesible… como era el desagüe del lavabo. Solo fue un segundo, pero a él le había parecido todo a cámara lenta. El anillo cayendo. El agujero colocado estratégicamente para engullirlo sin problemas. Y su mano tapándolo de forma automática, justo en el instante en que la cara pieza caía sobre su dorso. Sintió que su corazón volvía a latir, después de que se le parase ese alarmante y eterno segundo. Un suspiro de alivio salió de entre sus labios para, relajar todo su cuerpo al fin. Pero, de nuevo, volvió a escuchar los golpes en la puerta.

-¿Señor? – era la voz de una azafata – Señor, ¿se encuentra bien? Tiene que volver a su sitio, vamos a aterrizar.

Al oír aquello, el corazón de Krory volvió a acelerarse y se apresuró a poner el anillo de nuevo a salvo en su caja y entre sus ropas, para regresar raudo a su sitio y abrocharse el cinturón. Cuando miró por la ventanilla, podía ver las luces del aeropuerto mientras bajaban. Pero Arystar Krory lo único que veía era el brillo del ojo color verde de su lindo pelirrojo cada vez más cerca.

De buena gana habría salido del avión el primero y correría a llevar a cabo todos los trámites de aeropuerto requeridos si su educación no le refrenara a esperar su turno en todos ellos. Se le hacía eterno, el golpeteo dentro de su pecho no le dejaba pensar en otra cosa que traspasar al fin las puertas de salida, que daban a la zona de llegadas. Allí era donde generalmente esperaba la gente a las personas que acababan de desembarcar, tras una barrera con su respectiva vigilancia. El corazón quiso salírsele del pecho cuando cruzó al fin la puerta, ya con sus maletas recogidas y toda la documentación relacionada con su llegada al país arreglada, y vio de lejos a la gente que esperaba tras esta barrera. Su mirada le buscaba entre la multitud mientras caminaba hacia ella, impaciente porque no le veía. Hasta que le oyó.

-¡¡¡KRO-CHAAAAAAAAN!!! – al momento, vio como un joven pelirrojo saltaba como un gamo la barrera y corría hacia él con energía, ignorando a los guardias de seguridad que le perseguían.

Krory quedó allí parado ante aquello. Allí estaba su sonrisa, grande, traviesa y hermosa corriendo hacia él. Sin darse cuenta, él también estaba sonriendo e ignorando a los guardias. Ignorando al resto de la gente. Ignorando al mundo entero excepto a él. Hasta que el cuerpo de Lavi colapsó contra el suyo en un fuerte abrazo lleno de sentimientos y sus brazos se movieron automáticos para enredarse en su cintura, del mismo modo en que los de Lavi se habían enlazado en su cuello a pesar de ser más bajo que el adulto. No le llamaba cariñosamente “conejito” solo por lo que le hacía en la cama después de todo…

Al ver que solo se trataba de una pareja, algunos reconociéndolos incluso de otras veces que ya les habían visto por allí montando la misma escena, los guardias se retiraron y les dejaron con sus arrumacos para regresar a sus puestos. Mientras, Krory se vio obligado a encorvarse un poco, para dejar que los pies de su pelirrojo regresasen al suelo y poder hablarle mirándole a la cara. Solo podía ver sonrisas.

-Perdóname, siento tanto el retraso, Lav… - pero el más joven no le dejó terminar su innecesaria disculpa, pues no había sido culpa suya el que el avión hubiese llegado tarde aunque él creyera que así fuera. Sus labios no esperaron a intimidad ninguna y se unieron a los de Krory, haciéndole abrir los ojos como platos mientras se le subían los colores. Eso de los besos en público no lo tenía el adulto tan asumido como los abrazos e, intentando no hacerlo muy bruscamente, rompió el beso y puso su frente sobre la de Lavi para susurrarle con adorable vergüenza bajando los ojos – L-Lavi, la gente… nos es-está mirando…

-Pues que miren – respondió divertido, curvando su ojo y, girando un poco la cabeza hacia la multitud tras la barrera, gritó sin pudor alguno - ¡¡¡LLEVO SEIS MESES SIN VER A MI NOVIO Y AHORA QUE ESTÁ AQUÍ SOY EL HOMBRE MÁS FELIZ DEL UNIVERSOOOOOOOOOOOOOO!!!

-V- Vamos a por un taxi, Lavi – dijo, cada vez más rojo y avergonzado el tímido adulto, tomando las maletas de inmediato y empujando a su descarado Lavi lo más rápido que podía para salir del aeropuerto sin dejar de esconder la cabeza en la espalda del pelirrojo.

Adoraba tanta energía e impetuosidad en Lavi pero, a veces, realmente se pasaba. Sin embargo, debía admitir que le encanta que hiciera esas cosas en el fondo. Muy muy muy pero que muy en el fondo, claro.

Un taxi a las tres de la mañana y en Año Nuevo le saldría por un ojo de la cara, pero no podían permitirse el esperar al primer autobús que saliera desde el aeropuerto, Lavi debía volver al monasterio antes de que amaneciera. Krory no habría permitido que hubiese venido para apenas dos o tres horas que podrían estar juntos pero Lavi se empeñó en ir a buscarle y encima, el retraso no estaba por la labor de poner el tiempo de su parte. Pensaba estar un tiempo en la ciudad, así que habría más noches para verse, pero aún así, el pelirrojo había insistido. Realmente, Krory se sentía feliz de que fuera así de cabezota y poco razonable. Así que le dio igual el dinero, no iba a permitir que los riesgos que corría su pelirrojo, no solo para salir a hurtadillas del monasterio sino también por cómo había llegado al aeropuerto, con una combinación de carrera y autostop, fueran a ser en vano. Se lo diría esa misma noche.

Camino ya del hotel en el taxi, Krory iba pensando en ello mientras Lavi no se despegaba de él con su abrazo de garrapata en el asiento trasero del vehículo. Quería que fuera especial, por eso esta vez había reservado una suite en un hotel más prestigioso que en los que se solía alojar normalmente, aunque tampoco es que se privase de mucho por lo general. Tomarían primero un poco de champán y las trufas que había encargado que trajesen a su habitación a su llegada, para celebrar brevemente el Año Nuevo juntos mientras charlaban de sus cosas. Y en algún momento de la conversación, él se arrodillaría ante su sorprendido Lavi y le mostraría la cajita, abriéndola en el momento justo en que le pediría que se casase con él. Si no acababa metiendo la pata como siempre hacía y todo salía bien, podrían celebrar la buena noticia en el jacuzzi con algo más placentero y caliente que el agua… Sí, debía esforzarse por que todo saliera a la perfección, pensó, apretando cariñoso el abrazo de su afectuoso pelirrojo.

Pero Krory no iba a tardar en descubrir que un romance con Lavi ciertamente, era decir adiós a toda planificación…

-Wow – exclamó el novicio, soltando un silbido al entrar en la suite del hotel con el adulto - Nee, Kro-chan, ¿y todo este lujo? – dijo mirando las trufas sobre la mesa, sin molestarse en pedir permiso para coger una - ¿Celebramos algo?

Krory le vio comiendo tan tranquilo mientras se despojaba de la bufanda y el abrigo y no pudo menos que sonreír viéndole.

-Bueno, es Año Nuevo – respondió, quitándose el abrigo e intentando disimular sus verdaderas intenciones -, solo quería hacer algo especial.

-Para mí siempre es Año Nuevo cuando vienes a verme – le dijo con dulzura Lavi, caminando hacia él hasta encararle -. No hay nada más especial para mí que poder tocar tu piel – sus guantes desaparecieron de escena, para llevar sus manos al rostro de Krory -, Arystar.

-Lavi – susurró con un leve sonrojo ante aquellas palabras tan tiernas, dejándole llevar su rostro hasta sus labios, fundiéndoles en un largo beso.

A veces, Krory se sentía demasiado perverso por estar con un muchacho diez años más joven que él pero, aun así, no podía evitar sentirse más inocente e ingenuo que Lavi. Y realmente podía decir que lo era, pues aquel beso no había sido más que una distracción en la que había caído de lleno.

A Lavi le había faltado gritar en el aeropuerto que, después de seis meses sin ver a su novio, no solo era el hombre más feliz del universo… también el más caliente. Por lo que su lengua no se retuvo un ápice en recorrer los labios ajenos, llamando a las puertas del hogar de su vecina. Krory le dio acceso a su boca y quedó sentenciado, pues el ardor del pelirrojo pronto se le expandió a su propio cuerpo mientras luchaba inútilmente por cumplir su plan. Pero no había forma de responder como creía que debía, pues sus manos estaban asentadas en la cintura del más joven, subiendo y bajando para acariciar su espalda y su trasero mientras sus cuerpos se acercaban más el uno al otro. Debió haber caído en la cuenta que cuando Lavi le tomaba el rostro y le besaba, lo hacía para evitar que rompiera el contacto, pues siendo el mayor más alto que él siempre tenía ventaja al poder incorporar el cuerpo. Cosa que no podría hacer con la cara deliciosamente atrapada.

Sin embargo, la falta de oxígeno puso un ápice de esperanzas en Krory de relajar las hormonas de su pelirrojo, algo que incluso a él le costaba, viendo la carita de necesidad con la que le estaba mirando Lavi. De repente, el novicio sonrió travieso y tiró de él, dándole un suave empujoncito hasta que su trasero dio en la colcha de la enorme cama. Las alarmas internas de Krory se encendieron pero lo único que podía hacer era mirar desde su posición la botella de champán en la mesa… hasta que Lavi comenzó a quitarse la camiseta de pie entre sus piernas y lo único que era capaz de ver era la suave y apetecible piel de su torso desnudo.

-¿Has echado de menos a tu conejito, Kro-chan? – le susurró con sensualidad, acariciándole la nuca y acercándose más a él, por lo que sus pezones fueron un glorioso primer plano para la cada vez más perdida mirada del mayor.

-S-sí – le contestó casi sin voz entrecerrando los ojos, ensimismado con la vista de aquellos pedacitos de piel oscura y erecta -, mucho.

-Mmm, eres un mal amo – le sacó de su encantamiento, dándole un toquecito en la frente juguetón -, no me has dado de comer en seis meses, ¿no te da vergüenza?

-Ah, yo - Krory a veces se olvidaba que estaban jugando y se lo tomó en serio, bajando el rostro arrepentido -… lo siento.

-Nee, Kro-chan, solo es parte del juego – le aclaró Lavi en un susurro confidente con una gota en la sien, arrodillándose entre sus piernas.

-Oh, esto… lo siento – se volvió a disculpar, dándose cuenta de que las manos del pelirrojo andaban trasteando en su camisa para desabrocharla. A aquella altura, le pudo apreciar los aretes negros que le había regalado hacía años y llevó sus dedos a acariciar suavemente una de sus orejas - ¿Qué… puedo hacer para compensarte?

Lavi sonrió con picardía.

-Por lo pronto, darme de comer – dejó que el mayor se despojase él mismo de la camisa mientras él se afanaba en quitarle el cinturón -. Luego… ya veremos qué se me ocurre…

Oh, pero, ¿en qué estaba pensando Arystar Krory antes de que su hambriento conejito le mostrase lo bonita que era su piel? Ahora que su pequeño hablador tenía la boca demasiado ocupada, su vista volvió a la mesa donde descansaban las trufas y el champán sin abrir. Después, miró la cabeza pelirroja, moviéndose hacia delante y hacia atrás, succionando con gusto entre sus piernas. Volvió de nuevo los ojos a la mesa y, otra vez, a la cabeza de Lavi. Esta vez, sus caderas parecían seguirle el ritmo. Hacia delante, hacia atrás. Hacia delante, hacia atrás. ¿Eso eran suaves gemidos? Pero Lavi tenía la boca ocupada, ¿era él entonces? Cuando intentó mirar a la mesa, ya no veía nada, sus ojos se enturbiaban con el placer. Sus manos se aferraban a la colcha mientras se mordía los labios y sus caderas parecían estar follando en el agujero equivocado de la anatomía ajena. Sí… ¿en qué estaba pensando?

Que se fueran al cuerno los planes.

Lavi fue lanzado de repente a la cama sin explicaciones, mientras el hombre que estaba en pie junto a ella se despojaba con prisa del resto de su ropa, por lo que el pelirrojo empezó a hacer lo mismo. Pero las malditas botas le retrasaron y Krory llegó antes que él, casi arrancándole los pantalones y toda prenda que le evitase ver esa piel bronceada cada vez más caliente. Sin darle tregua alguna, se puso sobre él y atacó su cuello, haciendo que de forma refleja Lavi echase la cabeza hacia atrás para ofrecerle a su “vampiro” aquello por lo que se ganaba ese nombre. El pelirrojo emitió un gemido entre el dolor y el placer al sentir el mordisco de Krory, retorciéndose bajo su cuerpo clamando por más contacto y fricción entre ambas erecciones tocándose. Sin embargo, cuando el vampiro despertaba, Lavi sabía que podía relajarse. Krory se volvía tan sorprendentemente salvaje y apasionado cuando se excitaba que no le dejaba casi hacer nada, cosa que a un vago como a él no es que le molestase mucho.

Tras atacar su boca con lasciva rudeza, el mayor descendió por el maltratado cuello para martirizarlo un poco más, bajando por los hombros dejando marcas que iban a durar lo suyo en el cuerpo de Lavi. Su pecho no se iba a librar ni mucho menos, seis meses pasaban igual por los vampiros que por los conejos. La espalda del pelirrojo se arqueaba cada vez que la boca de Krory le recordaba su hambre, lamiendo y mordiendo sus pezones como si quisiera arrancárselos del pecho. Sus gemidos no tenían permiso para ser ahogados en nada, surcando libres la habitación mientras sus dedos se enredaban en los cabellos del mayor mientras descendía por su vientre, camino de su absoluta perdición.

Krory tuvo el detalle de contenerse en la intensidad de sus mordiscos al llegar a la erección de Lavi, cosa que no se había molestado en hacer en la sabrosa carnosidad de sus muslos, ahí se hubo despachado a gusto. Sin embargo, el simple hecho de rememorar las placenteras sensaciones de su conejito haciéndole lo mismo que estaba a punto de hacerle él, le hizo olvidar un poco el uso de su dentadura para darles prioridad a su lengua y a su boca. Cuyo tamaño, todo fuera dicho, agradecía Lavi internamente, pues solo dos personas con las que había estado podían meterse semejante extensión entera sin ahogarse o sentir arcadas. Eso de estar bien dotado no era tan bueno como lo pintaba la gente realmente…

Llegó un momento en que su cadera golpeaba casi con violencia la cara de Krory, así que Lavi, luchando contra el desesperado deseo de no parar hasta correrse, dejó de asentar los pies en la cama y echó las piernas hacia atrás, para luego, empujar la cabeza del mayor y hacerle ver el nuevo manjar que le ofrecía. Krory alzó el rostro, con los ojos encendidos y el cabello echado previamente hacia atrás, para tener más comodidad mientras le hacía la mamada, y le miró un instante antes de bajar de nuevo la vista para entender lo que le estaba pidiendo. La cara excitada y enrojecida de su conejito le dio deseos de comérselo entero, no podía negarse a sus deseos. Y su cabeza regresó de nuevo entre sus piernas, recorriendo morbosamente con la lengua los testículos antes de ir a por su necesitada entrada.

Había algo curioso en sus relaciones sexuales para lo cual ni Lavi ni Krory tenían aún explicación. Krory parecía haberse aprendido todas las posturas posibles de hacer en la cama entre dos hombres, pues era empezar a penetrar a Lavi y comenzar una combinación aleatoria sin tiempo totalmente definido, pero siempre con un obligado cambio a otra sin demasiado tiempo de diferencia entre una y otra. Quizás, eran esos cambios bruscos sin aviso previo por parte de su penetrador lo que le excitaba a Lavi de esos momentos más que las posturas en sí, pues el mayor lo movía como quería, igual que si fuera un muñeco y, por supuesto, él se dejaba manejar. Krory le embestía con pasión y hondamente pero también sabía hacerle sufrir ralentizando cuando le notaba demasiado perdido en el placer, no le gustaba que olvidara que estaba allí dándoselo. No al menos hasta que él empezaba a perderse también.

-No, Kro-chan – musitó entrecortadamente, cuando el otro intentó cambiarle de postura, haciendo con ello que se detuviese un momento para escucharle por si algo iba mal -. Quiero... acabar… mirándote…

Krory sonrió y volvió a descender sobre el cuerpo de Lavi, que tenía las piernas enroscadas en su cintura mientras que sus brazos estirados se agarraban con fuerza a las sábanas, ya que no alcanzaban el cabecero de la cama. Las caderas del mayor retomaron su movimiento y las piernas del pelirrojo se aferraron con fuerza al empezar a sentir de nuevo aquel cosquilleo electrizante, ahogando ambos en la boca del otro sus gemidos durante los últimos besos antes de que las manos de Krory se cerrasen en las de Lavi, entrelazándose con fuerza en el momento en que ambos llegaron al cielo y se suspendieron en él durante un momento para luego, volver a caer pesadamente.

Al notar la bajada de temperatura de sus cuerpos, ambos se metieron bajo la colcha y a Lavi le faltó tiempo para abrazarse a Krory, mimoso y sonriente. El mayor no pudo evitar sonreír también y le acarició el cabello revuelto que descansaba sobre su hombro. Suavemente besó su frente mientras Lavi no paraba de decirle lo bien que había estado y lo satisfecho y feliz que se sentía, subiéndole los colores a Krory por sus palabras. Él también querría decirle tantas cosas… pero Lavi no paraba de hablar y el hecho de saber lo que tardaría en volver a escuchar su voz cuando se fuera le hizo callar. Supuso que el silencio también era una forma de decir “te quiero” de vez en cuando. Y fue entonces cuando recordó lo que quería hacer antes de haber caído en la deliciosa encerrona de Lavi.

-¡Oh, no! – exclamó con preocupación, incorporándose de golpe para sorpresa de Lavi, que le observaba sorprendido correr desnudo torpemente en busca de su ropa desperdigada por los suelos – No está, no está – musitaba con preocupación, al no encontrar la cajita roja rebuscando entre la ropa. Sabía que quería evitar el sexo antes de la pedida por algo. Ahora se dedicaba a gatear por el suelo cómicamente, intentando buscarla sin mucho éxito - ¡NO! – gritó, llevándose las manos a la cabeza - ¡Se me debió caer en el aeropuerto, tengo que recuperarlo, tengo que…!

-Kro-chan – llamó su atención Lavi con tranquilidad desde la cama, evitando que saliese corriendo desnudo - ¿Es esto lo que buscas?

El cielo se abrió sobre Arystar Krory en aquel instante mientras sonaban campanas y aleluyas. La expresión de sus ojos cambió, reluciendo emocionados.

-¡Lavi, lo has encontrado! – exclamó emocionado, al ver en la mano de su pelirrojo la pequeña caja.

-Emm, sí, por supuesto – sonrió, dándosela. Aunque más que encontrarla, se la había sustraído de la ropa durante el abrazo en el aeropuerto, cuando le rebuscó disimuladamente por si le había traído algún regalito.

Krory entonces se dio cuenta de que el momento había llegado y no tenía nada que ver como lo había preparado y mucho menos, como habría imaginado. Estaban desnudos, sobre una cama medio deshecha y el ambiente romántico se había vuelto patético, al menos por su parte. Pero tenía que hacerlo. Ya eran más de las cinco de la mañana y dentro de poco tendría que separarse de Lavi por esa noche. Debía hacerlo ya, fuera como fuese. ¡Valor, Arystar!

De repente, Krory se puso rígido y se arrodilló al pie de la cama, justo frente a Lavi, en una postura tan forzada que parecía ensayada para una obra de teatro de primaria. Lavi le miraba en silencio entre sorprendido y curioso, expectante. La cara del mayor se empezó a encender y comenzó a temblar como un flan mientras la cajita roja seguía sostenida entre sus manos en aquella pose que le empezaba a hacer que le dolieran los brazos por la quietud. Entonces, cuando iba a abrir la boca para empezar al fin a hablar, fue totalmente consciente de su desnudez y, con timidez, llevó sus manos bajo su vientre para cubrir su entrepierna. “Pero si te lo he visto todo miles de veces…”, pensó Lavi, con una gota en la sien. Y como no podía cambiar la adorable timidez de su Arystar, el pelirrojo cogió un cojín y se lo colocó frente a la entrepierna para que pudiera continuar.

-Vamos, Kro-chan, te escucho – le animó, sonriente.

Krory, ahora ya solucionado el tema de la desnudez, volvió a intentarlo. Pero ahora la desnudez que le distraía era la de Lavi, la cual llamaba poderosamente la atención de sus ojos y sus hormonas hacia la entrepierna descubierta del pelirrojo. Solo tuvo que seguir la mirada del mayor para comprobar el nuevo problema, el cual solucionó de nuevo rápidamente con otro cojín, cubriendo esta vez su propia entrepierna.

-Aquí arriba, Arystar – llamó su atención hacia su cara, chasqueando los dedos -. ¡Venga, dime de una vez, estoy impaciente!

Ahora que no había distracciones de ningún tipo que poner como excusa para retrasar inconscientemente el decisivo momento, Krory sí que se puso verdaderamente nervioso. Cada vez que miraba la cara de Lavi esperando se ponía aún más cardiaco, a pesar de que con aquella postura y lo que tenía en la mano debía ya de saber lo que le iba a decir… entonces, ¿por qué tanto nerviosismo? Lavi se veía tan tranquilo y él tan patético con aquel sonrojo y esos temblores. ¡Vamos! ¡Si tiene tantas ganas de que le pidas que se case contigo es porque te va a decir que sí!... ¿verdad? Maldita sea, ¿por qué no podía ser más espontáneo como Lavi? Entonces, al pensar en ello, Krory lo vio claro al fin.

-¡¿LAVITEQUIERESCASARCONMIGO?! – le gritó de corrido, abriendo la cajita y cerrando los ojos, como si fuera a producirse una explosión nada más soltar aquello, mientras su cara se volvía completamente del color de pelo de Lavi.

La respuesta del novicio se ahogó en una leve risa traviesa, que se apresuró a ocultar con su mano sin dejar de mirar el interior de la cajita. Al oírle, Arystar abrió los ojos y miró la caja

- ¡NO, NO PUEDE SER! – el terciopelo negro del interior no contenía más que eso, terciopelo negro. Ni rastro del anillo, lo cual obligó de nuevo a Krory a gatear cómicamente por el suelo buscándolo con desesperación musitando casi en llanto - ¿Dónde está? ¿Dónde está?

-Está aquí, Kro-chan – le respondió entre risas, enseñándole la mano en donde estaba colocado el anillo en su correspondiente dedo, una vez se arrodilló junto a él – al verlo, Krory no supo cómo reaccionar. No podía separar los ojos de ese dedo ni tampoco reducir el sonrojo de su cara. Tampoco podía hablar, ahora necesitaba escuchar – Oh, cierto, la repuesta – dijo Lavi, haciéndose el despistado, antes de abrazarse a él de repente para decirle, mirándole a los ojos-. Pues claro que quiero casarme contigo, Arystar Krory, siempre lo he querido.

Lo único que pudo hacer el mayor al oír esa frase fue besarle largamente y estrecharle entre sus brazos mientras las lágrimas corrían por sus mejillas de la emoción que sentía en ese momento. No recordaba haber estado más feliz en toda su vida. Sin embargo, Lavi aún tenía a esas alturas algo con lo que sorprenderle.

-Fuguémonos juntos, Kro-chan – le susurró al separar sus labios. Hablaba totalmente en serio -. Dejemos todo atrás y empecemos de cero los dos – Krory le miraba sorprendido -, sin nada ni nadie que nos separe nunca más – Lavi se acurrucó junto a su cuello -. No quiero seguir ni un segundo más sin ti, Arystar.

Krory permaneció en silencio un rato y le apretó entre sus brazos, comprendiéndole perfectamente. La distancia, el tiempo, las mentiras, las escapadas, las carreras, la incomunicación, la noche… Por muchos años que pasasen jamás se perdonaría los problemas que llegó a tener Lavi por su causa, hasta tuvo más de una caída preocupante del tejado que su pelirrojo siempre se encargaba de suavizar como si fuese parte de lo divertido de aquella relación llena de tabúes. ¿Y qué arriesgaba él? Solo gastaba dinero, algo que sí era cierto que era bastante útil para poderse ver, no le compensaba en comparación con todo lo que arriesgaba Lavi. Él ni siquiera tenía familia que pudiera perder como consecuencia de aquella relación. Solo tenía dinero. Y si no tenía a Lavi, no le servía para nada absolutamente. Finalmente, Krory giró el rostro para mirar a Lavi al ojo con dulzura, pero totalmente serio.

-¿Eso te haría feliz? – le preguntó el mayor.

-Si a ti te lo hace también, sí – fue la respuesta de Lavi.

-Entonces, fuguémonos.

Y aquel día de Año Nuevo fue el primero en que serían dos las personas que observaron el desierto blanco de nubes al regresar a Rumanía, mientras alguien maldecía la cancelación de una larga estancia en su hotel, una botella de champán sin abrir se hundía en una cubitera llena de agua en una suite y un amor prohibido se volvía libre entrelazando dos manos sobre un reposabrazos de primera clase.



Continuará…






Nee, primer fic de D. Gray Man que subo en la web y en el foro XD (todos los demás fueron de Naruto casi todos, el KakaIru me inspira demasiado XD). Quería hacer algo cortito y divertido, pero lo cortito con tres parejas por capítulo como que no se pudo conseguir mucho ^^U Pero bueno, echaba de menos hacer algo un poquito más tirando al humor que al angst y, aunque no lo parezca, no tiene nada que ver con Junjou Romantica por el tema de las tres parejas (de hecho, no es muy de mi agrado esa serie ¬¬U).

La parte profunda se la llevó el tema del matrimonio, quería ver qué se podía sacar por ahí y mirarlo desde varios enfoques y situaciones distintas. Espero que no sea muy pesado de leer, hace mucho que no escribo y, por lo general, suelo ser más explícita en todo (especialmente en el lemon XDD) pero por tema de brevedad, intenté acortar, en fin.

Disfrutad o, al menos, no os quedéis ciegos leyendo XD.



Última edición por ChibiMoyashi el Dom Mar 27, 2011 8:44 pm, editado 1 vez
avatar
ChibiMoyashi

Femenino Mensajes : 292
Fecha de inscripción : 21/02/2011
Localización : Allá donde se encuentren atractivos incautos a los que dejar en calzoncillos... o ni con eso
Empleo /Ocio : Fullerismo creativo
Humor : Descontrol moyashil

Volver arriba Ir abajo

Re: [FANFIC] Sí, quiero (by Chibi)

Mensaje por † Kamelott † el Miér Mar 23, 2011 4:56 pm

Wooooo
Me gusto el primer capitulo (aunque debo reconocer no lei el tercer capitulo entero... No veo a Krory con Lavi...)
Me fue demasiado corto el CrossxTyki, pero ese junto con el Yullen me gustaron mucho!!
Ya quiero ver como sigue!
avatar
† Kamelott †

Femenino Mensajes : 75
Fecha de inscripción : 27/02/2011
Edad : 27
Localización : Dentrás de tí.
Empleo /Ocio : Estudiante y roleadora.
Humor : ^^

Volver arriba Ir abajo

Re: [FANFIC] Sí, quiero (by Chibi)

Mensaje por ChibiMoyashi el Miér Mar 23, 2011 7:09 pm

(XDDD Entiendo que si la pareja no hace mucho tilín y encima es la parte más larga se hiciera un poco eterna, pero creo que es la más tierna de las tres *w*)

Wiii, celebro que te gustara, ya digo que hacía mil que no escribía y encima es algo rápido y "corto", también muy distinto de lo que suelo escribir o.O

Aunque imagino que el CrossTykki se te hizo corto porque te gusta mucho la pareja, pues realmente la parte más corta es la Yullen XD (pero ahora que lo pienso, la falsa pareja tiene más diálogo, igual sí que es un poco más corta, mmm...)

Nee, y ya que estamos, te anuncio que en el próximo capítulo aparecerá Sheryl en acción XDDDD (ay madre, que ganas tengo de que salga ya xD) Y también, que las tres parejas están conectadas, por lo que para seguir hilos argumentales de unas habrá que leer lo de las otras para no perderse a veces XD (en este primero realmente no hay demasiada mención porque es principalmente presentación de los personajes y su situación, pero si no acabaste el capi - cada pareja no es un capítulo sino una parte de él -, igual no entiendes el por qué de algunas cosas que ocurran en el siguiente o algunas razones de ciertas acciones - aunque los lemons, a pesar de no estar metidos porque sí, tampoco aportan muchos datos, eso casi que es saltable XD -). Pero bueno, cada cual es libre de leer como guste al fin y al cabo XD

¡Sankyu por leer y comentar, Lis!
avatar
ChibiMoyashi

Femenino Mensajes : 292
Fecha de inscripción : 21/02/2011
Localización : Allá donde se encuentren atractivos incautos a los que dejar en calzoncillos... o ni con eso
Empleo /Ocio : Fullerismo creativo
Humor : Descontrol moyashil

Volver arriba Ir abajo

Re: [FANFIC] Sí, quiero (by Chibi)

Mensaje por † Kamelott † el Miér Mar 23, 2011 8:18 pm

Que bien! Gran aparicion para Sheryl xDDD
Ouum... Bueno... Vere si puedo hacer una lectura entre lineas xD
Asi no tendre problemas cuando se junten algunos puntos de las historias... Algo se podra hacer xP

De nada por leer xD
Gracias a ti por escribirlo!!
Mas CrossxTyki x3!! (Esto es una orden xDDDD)
avatar
† Kamelott †

Femenino Mensajes : 75
Fecha de inscripción : 27/02/2011
Edad : 27
Localización : Dentrás de tí.
Empleo /Ocio : Estudiante y roleadora.
Humor : ^^

Volver arriba Ir abajo

Re: [FANFIC] Sí, quiero (by Chibi)

Mensaje por ChibiMoyashi el Dom Mar 27, 2011 8:37 pm



SÍ, QUIERO
[Kanda x Allen, Cross x Tykki, Krory x Lavi]
by Chibi



2

La cuenta atrás




La pareja prohibida +++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

Se sentía igual que en un sueño. Al menos, en ellos siempre estaba él, ya fuera riendo, acercándosele con una actitud sexy o con unos ojos llenos de amor. Pero aquello no era un sueño, estaba seguro. Nunca había visto aquel rostro travieso durmiendo tranquilamente a su lado nada más abrir los ojos al despertar. Ahora podía verlo y extasiarse observándolo mientras una sonrisa crecía en su cara sin darse cuenta. Podía sentir su olor y el de todos los fluidos ya secos que habían estado intercambiando la noche anterior. Podía tocarle. Notaba su piel suave bajo las mantas, el agarre de sus brazos en su cuerpo desnudo. La textura de sus rojos y desordenados cabellos desparramados sobre la almohada, rozando su rostro con el movimiento de su respiración.

- Lavi – susurró al fin con dulzura, a pesar de que le hubiera dejado con gusto dormir todo lo que deseara – Despierta, Lavi.

Lavi rumió un poco, retorciéndose levemente para acurrucarse en el cuerpo de Krory.

- Cinco minutos más, Jiji – musitó el dormido pelirrojo, como si fuera el padre superior el que le estuviera llamando.

Krory besó su frente, con un creciente deseo de comérselo a besos.

- Vamos, Lavi – le apremió sin perder su ternura -. Ya es mediodía – había podido comprobar por la luz que intentaba colarse entre las cortinas corridas y confirmado quedó con una rápida ojeada a su reloj de pulsera en la mesilla de noche -, tenemos que recuperar el horario normal.

Lavi se limitó a gruñir y apretujarse contra el cuerpo de Arystar, el cual se sonrojó levemente al notar como enroscaba sus piernas entre las suyas. No parecía que el pelirrojo tuviera muchas intenciones de levantarse, menos aún de abrir los ojos. Krory pensó un momento mientras miraba puntos indeterminados de la habitación hasta volver a posar la vista en la cabeza pelirroja. Le daba un poco de vergüenza admitirlo pero, quizás, sí que había una forma efectiva de despertar a Lavi…

Bajó el rostro y buscó con sus labios una de las orejas del más joven, lamiéndola a continuación. El cuerpo de Lavi reaccionó, dio un leve suspiro. Dando un suave mordisco en el arete negro, tiró levemente y lo soltó, bajando con suaves besos. Al sentir el cálido aliento del otro en su cuello, Lavi alzó un poco la cabeza aún medio dormido y gimió con suavidad al notar el mordisco de su vampiro. Sus brazos se aferraron a él y las caderas hicieron ademán de moverse para rozar sus entrepiernas de forma automática. Las de Krory hicieron lo mismo.

Un doloroso quejido conjunto acabó con toda la lujuria del momento.

- Lo… lo siento, Lavi, creo – musitó, mirándole al ojo ya abierto con una gota en la sien -… que tengo agujetas…

- Jeje, creo – le comentó el pelirrojo sonriente – que yo también, Kro-chan.

Ambos estallaron en risas sin remedio.

Tenían seis meses que recuperar pero ninguno de los dos había caído previamente que en una noche entera de fornicio desenfrenado no los iban a recuperar… Por lo que al fin se levantaron trabajosamente de la enorme cama con dosel del mayor y decidieron que debían hacer algo más que cosas indecentes juntos. Al menos, hasta que las agujetas se fueran, claro.

Lavi se sentía más energético que nunca cuando salieron del castillo donde vivía Krory y que ahora le acogía temporalmente hasta que se casaran y empezaran de cero. Era extraña y a la vez gratificante la sensación de verse libre de poder caminar bajo el sol con el mayor, sin miedo a que alguien que les conociera pudiera verles y meterles en un lío. Aunque cuando llegasen al pueblo cercano deberían ser un poco más discretos, pero el pelirrojo estaba demasiado feliz como para que le importara el simple hecho de tener que soltarle la mano a Krory al llegar. Le tenía junto a él al fin, eso era lo único que importaba. ¡Ah, no podía en sí de gozo! Así que se soltó de su mano y corrió por la nieve unos pasos por delante del mayor, para luego acuclillarse un momento y juntar un poco de nieve, que fue a parar a la cara sorprendida de Arystar en forma de bola entre traviesas risas. Pero ningún conejito rebelde se escapaba del castigo de su amo. Los vampiros también sabían hacer bolas de nieve… y tenían bastante buena puntería aunque fuese a la temible luz del día.

La batalla de nieve y la cantidad industrial de risas que acompañaron el momento de diversión de la pareja hizo que el hambre les apremiara con más fuerza que antes de que salieran del castillo. Siguiendo un camino de carretas por el bosque, finalmente llegaron al pueblo y entraron en una pequeña taberna para almorzar. Todos les miraban. Desde que entraron en el pueblo, los ojos de la gente parecían clavados en el solitario dueño del castillo y en su vivo acompañante. Alguno que otro se santiguaba al verles pasar. Así que entrar en el pequeño local fue como exponerse en un escaparate. Ahora entendía Lavi cómo debían de sentirse los maniquíes de los centros comerciales…

A pesar de todo, Lavi andaba curado de espanto en eso de ser observado, el descaro era más útil de lo que a Krory a veces le parecía. Sin embargo, el que parecía algo incómodo era su vampiro. El pelirrojo ya sabía lo supersticiosa que era la gente del pueblo por lo que le había contado Arystar y, en tierras famosas por las historias de vampiros, un hombre solitario viviendo en un tétrico castillo no es que inspirase extrema confianza en los lugareños. Intentó pues controlarse todo lo que pudo, aunque lo deliciosa que le fue la comida no pudo callárselo discretamente. No esperaba que la comida rumana le fuera a gustar tanto con esos nombres tan raros que tenían, y eso que antes de conocer a Krory ya había tenido que aprender algo del idioma, pero aún así, siempre fue uno de los que más extraño le sonaba.

Alabando aún el queso, la carne y las verduras del país, Lavi se vio obligado un poco a regañadientes a volver pronto al castillo. Krory alegaba que se les haría de noche si regresaban muy tarde y recorrer el bosque en la oscuridad no sería seguro. Aunque el más joven podía notar que realmente el otro no se sentía muy cómodo por el pueblo y le entendió, aceptando con una sonrisa que le valió para ganarse el brazo de Arystar en su hombro mientras caminaban. A Lavi le costó un mundo no pasar el suyo por la cintura de su vampiro, pero no debía romper el supuesto gesto de amistad que parecía. Mientras sintiese el contacto de su cuerpo, podía esperar a estar lejos del pueblo el tiempo que hiciera falta para dejarse llevar por sus sentimientos.

Durante el paseo de regreso, Lavi le recordó a Krory el tema de la boda. Por algún motivo, el mayor parecía haberse olvidado de ello. O quizás, había algo en él por el que no quería recordarlo. Por supuesto, Arystar se encargó de disimular este pensamiento y se hizo el despistado adorablemente. Él también se moría de ganas por casarse lo más rápido posible con su conejito pero no acertaba en saber el motivo de que, eso mismo le aterrase de algún modo que desconocía. Entonces, Lavi comenzó a hablar y él se limitó a escucharle.

Había que buscar un lugar para celebrar la ceremonia, así como un sacerdote y un par de testigos. También había que conseguir los anillos y una ropa adecuada. Y con tan pocos invitados realmente no hacían falta muchos lujos para un banquete, comer en cualquier sitio estaría bien. Sin embargo, debían pensar en su nueva vida. Lavi se moría de ganas por recorrer el mundo con él sin tener un lugar fijo donde vivir. Para ello, habría que buscar un comprador para el castillo y tasar todas las posesiones valiosas e históricas que allí dentro había lo antes posible, Lavi hablaba en serio cuando le propuso empezar de cero. Arystar hacía esfuerzos por mantener su sonrisa, viendo el entusiasmo creciente con el que iba hablando el pelirrojo de todo ello, mientras él seguía con esa sensación extraña en su pecho cada vez con mayor intensidad.

- Entonces, ¿qué te parece si cuando lleguemos empezamos a hacer un inventario para llevar mejor el control de todo? – le preguntó finalmente, con una radiante sonrisa curvando su ojo mientras le abrazaba sin dejar de caminar.

- Ah, sí, claro – fue la respuesta de Krory, con la mente distraída entre sus contradictorios pensamientos y la extensa charla llena de ilusión de Lavi.

El sol se ocultaba tras las murallas del castillo cuando empezaron la ardua tarea que les esperaba para hacer el inventario. Primero, comenzaron por el jardín y las grotescas esculturas de piedra que lo poblaban, siguiendo luego por cada estancia del castillo por la que iban pasando. Krory no quería ni imaginar el tiempo que les llevaría aquello cuando llegasen a los sótanos… Sin embargo, era demasiado trabajo para un solo día, así que decidieron hacer una parada para la cena.

Lavi agradeció más cocina casera, la cual se negó en rotundo a poner en manos de Krory porque no quería dejarle todo el trabajo al mayor. Así que se metió en la cocina con él para hacer la cena juntos. Y de hecho, nunca una comida le había sabido tan bien como esa vez a ninguno de los dos. Los ingredientes más especiales solían ser los menos tangibles también. A lo que ya no le puso tantas trabas Lavi fue a que Arystar se encargase de lavar los platos, él prefería hacer el cartel para vender el castillo. Demasiados castigos del Panda relacionados con limpieza y lavado de platos…

Cuando Krory volvió al salón donde había dejado al pelirrojo trabajando, éste alzó el pedazo de madera frente a sus ojos, sonriente y satisfecho.

“EN VENTA”.

Krory sintió una punzada en su interior al leerlo.

- ¿Qué te parece? ¿A que ha quedado bien? – le preguntó sin borrar la sonrisa, al menos, hasta que pudo ver la cara con la que el otro lo miraba – Kro-chan, ¿algo va mal?

El mayor se golpeó internamente por no haber disimulado mejor e intentó pensar algo rápido para arreglarlo.

- Ah, no, no, es solo que – sus palabras salían desordenadas, era incapaz de mentir con tanto descaro -… te ha quedado muy bien – dijo con una sonrisa -… P-pero creo que aún me dura el jet lag, solo necesito – miró a los lados, buscando algo – salir a que me dé un poco el aire, enseguida vuelvo…

Y tomando una capa de alto cuello, se envolvió en ella y salió con demasiada prisa a la balconada del salón al abrazo de la fría noche. Nada más salir, tuvo que subirse el cuello para intentar cubrirse las orejas sin mucho éxito mientras se encogía. Estaba nevando. Igual que en su interior. Al soltar un suspiro, el aire que escapó de entre sus labios se convirtió en una nubecilla que se perdió en el aire helado.

La puerta de la balconada se volvió a abrir.

- Te ocurre algo, ¿verdad, Arystar? – las palabras de Lavi salieron de su boca como las nubecillas de su aliento cálido en el frío de la noche – Algo que no me quieres decir.

- ¡Lavi, te vas a poner enfermo! – exclamó preocupado mientras corría hacia el muchacho, para envolverle con su capa y aferrarlo contra su cuerpo, al ver alarmado que no llevaba ninguna prenda de abrigo sobre la camiseta - ¿Cómo se te ocurre salir al exterior sin…?

- Contéstame, Arystar – le espetó Lavi, totalmente serio, clavándole el verdor de su ojo en la oscuridad de los suyos. Los copos de nieve resaltaban sobre el rojo de sus cabellos. Krory guardaba silencio, con una mirada abatida. Nunca había visto así a su conejito. Finalmente, Lavi bajó el rostro – Llevas extraño desde que volvimos del pueblo… desde que comenzamos a hablar de la boda…


Una nueva punzada. El silencio de Krory continuaba. Lavi volvió a alzar el rostro.

- ¿Es que… realmente no quieres casarte? – ahora era Lavi el que intentaba parecer normal al hablar – Quizás me precipité diciéndote que nos fugásemos y…

- ¡NO! – exclamó cómicamente alterado Krory al escuchar aquellas palabras – E-es decir, sí, digo no, bueno yo – el mayor agitó su cabeza, como si eso fuera a poner sus ideas en su sitio -… Claro que quiero casarme contigo, Lavi, no dudes ni un momento de eso – le aclaró, mirándole a los ojos completamente enamorado – y en cuanto a lo de fugarnos – ahora el que bajó el rostro fue él, avergonzado de sí mismo -… tú solo propusiste lo que yo hubiera querido decirte desde el primer momento en que te asentaste en mi corazón - Krory continuó, sin levantar la cara -. M-me gusta mucho que seas así, que digas lo que piensas, lo que sientes, que me arrastres a hacer cosas que soy incapaz de atreverme a hacer aunque las desee porque soy un… un…

- Un hombre encantadoramente bueno y tímido – susurró, mirándole con dulzura. Arystar le miró, con las mejillas rojas y calientes. Silencio – Kro-chan, las parejas son cosas de dos, uno no puede cargar con lo que no va bien por contentar al otro – le aclaró, algo más tranquilo -. Si hay algún problema, yo necesito que me lo digas, no puedo sentirme bien si tú no te sientes igual.

Krory suspiró hondo mirando al cielo sobre sus cabezas, para volver a bajar el rostro hacia el de Lavi.

- Creo – sus ojos parecían estar siendo los propios del protagonista de una tragedia -… que no estoy preparado para dejar todo atrás… perdóname, Lavi.

Silencio. Lavi comprendió cual era el problema con solo escuchar esa frase. Su rostro se llenó de ternura y le abrazó, colocando su cabeza en el pecho del otro.

- Perdóname tú a mí, Kro-chan – le susurró, apretando el abrazo -. No tuve en cuenta que este castillo y todo lo que hay en él forma parte de tu pasado, de tu familia – alzó la vista – y no tengo derecho ninguno a separarte de él – su ojo se curvó y sonrió -. Lo siento, a veces se me hace complicado recordar que la gente tiene raíces, ya sabes que yo no las tengo.

No podía reprochárselo. Lavi fue abandonado siendo bebé en el monasterio donde se iba a ordenar hasta hacía poco y no sabía nada sobre su familia biológica. Era normal que desprenderse de su familia adoptiva fuera algo más fácil, era como volar del nido pero de una forma más extravagante.

- Lavi – murmuró, visiblemente más tranquilo -, ¿de verdad que no te importa? – aunque, siendo Arystar Krory, no existía despreocupación total, claro – E-el inventario está bien, creo que podría deshacerme de bastantes cosas de las que realmente no me molestaría desprenderme…

- ¡Oh, ya sé! – exclamó de repente, Lavi, asustando al otro de paso - ¿Por qué no nos casamos en el castillo? – le propuso lleno de energía y emoción – Antes, mientras hacíamos el inventario he visto un lugar que me pareció más que perfecto para ello, ¿qué te parece, Kro-chan? Así el castillo también formaría parte de mi propia historia, sería el lugar en el que le dije “sí, quiero” al hombre que más he amado en toda mi vida.


Mirando la ilusión de su rostro, ciertamente Krory no tenía palabras para negarse… aunque tenía curiosidad por saber a qué lugar se refería Lavi. Bueno, ya lo descubriría tarde o temprano, si su pelirrojo decía que era más que perfecto, seguro que era cierto.

- Si eso te hace feliz, a mí también – le respondió, con la misma frase que Lavi usó cuando le propuso lo de la fuga – pero, aún necesitamos encontrar los testigos y un sacerdote – se acordó, volviéndose a deprimir –… y teniendo en cuenta mis nulos contactos y que aquí los sacerdotes suelen ser reacios ante la sodomía, solo podríamos solucionar el tema de las alianzas…

- Ah bueno, todo eso déjamelo a mí – le dijo despreocupadamente, guiñándole el ojo sonriente -, anillos incluidos. Quizás no pueda permitirme comprar el oro más caro pero estoy dispuesto a trabajar en lo que sea para ser yo el que consiga las alianzas para nuestra boda con mi esfuerzo – el mayor le miró gratamente sorprendido. Nunca se había planteado la posibilidad desde luego de que Lavi estuviera con él por dinero ni mucho menos, pero tampoco le había oído un plan como aquel que requiriera un aporte económico por su parte – Y por los testigos y el sacerdote no te preocupes, Arystar – Lavi parecía muy seguro de sí mismo -, yo me encargaré de encontrarlos, te lo prometo.

Y la nieve dejó de caer sobre sus cabezas, coronadas de blanco por el tiempo que llevaban bajo el manto de la fría noche. Envuelta en un abrazo bajo la calidez de la capa, la pareja prohibida se fundió en un beso en presencia de la luna, única testigo de sus intrigantes promesas y de su propia cuenta atrás. Solo faltaban tres semanas…



La pareja joven +++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

AVISO: Partes Lemon:


Allen miró la cara de Kanda, parado en el umbral de la puerta de entrada.

Kanda miró la cara de Allen, parado en el pasillo. Luego, vio la horda de cajas, también en el pasillo.

De nuevo, volvió a mirar la cara de Allen.

- ¿Qué significa esto, moyashi? – le preguntó, con un leve temblor en la ceja, consciente de lo que le iba a responder el otro.

- Me vengo a vivir contig… - antes de que acabara la frase, la puerta se estaba empezando a cerrar. Pero el pie de Allen Walker fue más rápido - ¡¿Pero qué haces, anormal?! ¡Mi maestro me ha echado de casa, no tengo adónde ir!


- Pues búscate otro piso, aquí no te quiero ni loco – le contestó secamente, haciendo fuerza para poder cerrar la puerta.

- ¡Ah, maldita sea! – Allen intentó ayudarse con las manos para abrir la puerta - ¡Cocinaré, limpiaré, haré la compra, seré tu esclavo pero déjame entrar de una maldita veeeee…!

La cara del inglés acabó estampada en el suelo, cuando la puerta se abrió de golpe sin previo aviso. Allen levantó la cabeza y miró a Kanda, en pie junto a él. Éste alzó una ceja, totalmente serio.

- ¿Has dicho… ser mi esclavo? – una sonrisa sádica creció en su cara de repente.

Tras un cruento e inmediato ataque iracundo de cajas voladoras hacia la integridad física de Yuu Kanda, finalmente Allen consiguió que aquél que ahora se hacía llamar su prometido, le alojara en su casa a regañadientes. Por supuesto, sin tratos de esclavitud ni similares en las condiciones, solo había de respetar la sacralidad de aquel lugar y ayudar en las tareas diarias, así como contribuir en una parte de la economía de la casa, pues desde que decidieron casarse, el inglés se las había ingeniado para conseguir un trabajo de medio tiempo y así poder contribuir en los gastos de la boda. Kanda se consolaba pensando en que, si su moyashi estaba todo el día fuera, su casa estaría a salvo de él. No sabía cuán grande sería su error…

El primer día, Kanda se quedó dormido y no pudo apagar el despertador antes de que sonara. Más que el sonido, le despertó el respingo que dio en su pecho el que estaba abrazado a él como si fuese un peluche. El mayor alzó una mano y apagó el aparato con un “tsk” molesto. Si no le hubiera tenido despierto hasta tan tarde satisfaciendo sus necesidades sexuales, no habría tenido que soportar ese desagradable ruido tan de mañana. Yuu Kanda no se despertaba precisamente de buen humor cuando madrugaba.

Mientras Kanda se frotaba perezoso el rostro adormilado con una mano, Allen se incorporó y le dio un fugaz beso, para luego levantarse con rapidez y agarrar una chaquetilla negra larga que se colocó con más celeridad incluso. Eso de andar desnudo en enero como que no era muy recomendable, menos aún por las mañanas y recién salido de una cama calentita con tu gran peluche. Se calzó, y desapareció de la habitación. Al rato, el olor del café empezó a inundar la casa.

Cuando el japonés entró medio dormido en la cocina, ya vestido y aseado para ir a trabajar, encontró a Allen preparando el desayuno, medio encogido por el frío, con el cabello revuelto y frotándose las piernas con los pies. Al verle entrar, le tendió una taza de café. Kanda la cogió y se colocó tras el peliblanco con tranquilidad, abrazándole por la cintura y besando sus cabellos con suavidad.

- Ve a vestirte – le dijo de forma neutral, casi cariñosa, dejando que sus mejillas se tocasen -, si coges un resfriado y me lo pegas, te mato.

El comentario hizo sonreír a Allen y le dio un beso en la mejilla antes de salir de la cocina, dejando al japonés llevando el desayuno a la mesa. Allen regresó al rato, con el cabello ya en su sitio, visiblemente más espabilado y con el uniforme del instituto impecablemente colocado. Kanda no le había esperado, él se iba antes que Allen, por lo que éste lo comprendió y no dijo nada. Al ver que iba a su habitación a por la bolsa de deporte y la katana, el peliblanco se apresuró a acabar el café al menos. Luego, le acompañó a la puerta.

- ¿Qué demonios haces? – le dijo extrañado, al ver cómo le seguía hasta la entrada mientras se colocaba el anorak.

- Que tengas un buen día – fue la respuesta de Allen, con una adorable sonrisa para, a continuación, tomar su rostro y darle un beso en los labios.

Kanda se le quedó mirando un momento en silencio.

- Tú, también – soltó, apresurándose a ponerse el casco y salir por la puerta para evitar que el otro viera el color levemente encendido de sus mejillas.

Parecía que, después de todo, no iba a estar tan mal eso de convivir con el moyashi, pensaba con ingenuidad camino de su moto. Aunque solo necesitó llegar a casa por la noche para comprobar que lo bonito, no es más que una ilusión…

- ¡¡¡ALLEN WALKER!!! – el grito iracundo de Kanda hizo que el más joven diera un respingo en el sofá. Sus pasos resonaron por el pasillo anunciando tormenta para estar en el salón dos segundos después. Allen juraría que el japonés podía ser capaz de matar con la mirada en ese momento - ¡¿Cómo has podido convertir mi casa en un estercolero en solo tres horas?! ¡CONTÉSTAME!

- ¿Te quieres tranquilizar, baKanda? – le contestó el otro molesto, sin moverse de su asiento – Cuando termine los deberes, recogeré el salón – lo que ahora parecía más bien el retrete de una mascota, pues había libros, cuadernos y apuntes por todas partes - , después de cenar fregaré y limpiaré la cocina – cuyo aspecto no distaba mucho del escenario de un incendio, de hecho, aún olía a quemado, probablemente proveniente del atestado fregadero – y antes de acostarme recogeré la ropa del dormitorio y del cuarto de baño – sus ojos grises finalmente, regresaron de nuevo al papel que tenía entre sus manos -. No tienes que hacer un drama por un poco de desorden, cuando te vayas a la cama, todo estará en su sitio.


Kanda no sabía si lanzarle algo o lanzarse él mismo sobre el peliblanco del cabreo que tenía encima. ¿Desorden momentáneo? ¿Venía cansado de trabajar y tenía que sentirse como un cerdo en una pocilga el poco tiempo que estaba en su casa cada día? Debía reeducar a aquel cachorro lo antes posible si no quería que su futuro matrimonio le provocara una úlcera… Fue entonces cuando se dio cuenta de lo que estaba ocupando toda la atención de Allen en ese momento y algo en su interior quiso explotar.

- ¿Qué demonios…? – murmuró, arrancándole el papel de las manos al inglés para leer a continuación desconcertado - ¿”Planificación de la boda”?

- Bueno, sí – le respondió el otro, tomando una actitud adorable -. Ya sabes, cuanto antes la hagamos, antes podremos dejarlo todo listo.


- ¿Esto es lo que te dedicas a hacer además de echar mierda en mi casa en vez de hacer los deberes? – le espetó enfadado Kanda – Más te vale graduarte en junio porque igual para septiembre ya no me apetece casarme.

- ¿Qué eres, mi padre? – ahora el que estaba enfadado era Allen – Solo me encargo de la boda porque parece que a ti no te importa lo más mínimo, a veces llego a pensar que hasta te molesta hablar de ello.

El papel se arrugó en el puño apretado de Kanda.

- Hay cosas más importantes, por eso no me preocupa – asestó el japonés con frialdad -. Para casarnos no necesitamos tanta parafernalia pero si te empeñas en complicarnos la vida, no queda más remedio que priorizar – sus ojos parecían hielo -. Las bodas no son precisamente baratas.

- ¡Pues precisamente por eso intento organizarlo todo con tanta antelación! ¡Por ti! – le gritó poniéndose en pie, explotando al fin - ¡Porque lo único que te importa es el maldito dinero! ¡No eres el único que sabe lo que cuesta ganarlo, yo también estoy trabajando! – luchaba por serenarse, pero se había guardado demasiado dentro – Además, estaba pensando que podríamos ahorrar mucho si…


- No quiero oír más, moyashi – le cortó secamente, desapareciendo del salón, hastiado -. Más te vale que mañana la casa parezca eso, una casa.

Y dando un portazo bien sonoro, Yuu Kanda se metió en su dormitorio, condenando por esa noche a Allen al exilio sofanil. Entonces, se dio cuenta de que se había traído con él el papel donde el peliblanco estaba organizando su boda. A punto estuvo de hacerlo una bola y lanzarlo a la papelera pero, en contra de su propia voluntad mental, su voluntad física se puso a leerlo. Y por cada palabra que leía, no sabía si enfadarse con Allen o consigo mismo. “Un lugar bonito pero no muy grande, adornado si se puede. Hacer la comida del banquete, en local para alquilar o, si no se puede, en casa. Negociar con el idiota del maestro. Hablar con Froi y Lavi. Fotos y videos por libre. Hacer invitaciones a mano. Alquilar trajes. Lista de boda, plan alternativo que hablar con baKanda. ANILLOS DE ORO BLANCO. Luna de miel más adelante”. Junto con una lista de invitados que no llegaba a veinte personas incluyéndoles a ellos dos y una serie de cuentas a un lado, como un pequeño presupuesto de lo que costaría aquello. Esa era la boda que quería Allen, teniéndole en cuenta a él mismo.

Kanda suspiró, desanimado. Si se lo pudiera permitir, estaría dispuesto a casarse como los príncipes de Inglaterra solo por Allen. Pero eso no era posible ni por asomo. ¿Por qué el maldito dinero tenía que condicionar tanto la vida humana? Ahora tendría que dormir sin su suave y calentita haba desordenada por culpa de ello. Tsk.

Aquella no fue la única noche que el inglés se dedicó a calentar el sofá. Las discusiones no cesaron desde entonces y el hecho de verse tan poco aun viviendo juntos no solucionaba las cosas. El único momento de tregua parecía ser la despedida de la entrada por las mañanas. Ese beso no podía faltar, quizás era lo único capaz de despertar al japonés junto con el café. Pero eso no quería decir que la paz estuviese firmada, por supuesto, eso entre Yuu Kanda y Allen Walker era imposible.

Obviamente, acumular tensiones no es bueno. Especialmente si se mezclan los preparativos de una boda, una guerra eterna con un prometido tan cabezota como uno mismo, con sus consiguientes abstemias sexuales, y un examen importante de Historia a primera hora al día siguiente. Era cuestión de tiempo que el animado señor con cabeza de calabaza que bailaba y hacía piruetas repartiendo propaganda enfrente de un pequeño teatro perdiera el equilibrio y cayera al suelo pesadamente. Sin embargo, como buen profesional, se levantó como si aquello hubiera sido parte del espectáculo mientras la gente a su alrededor, la mayoría con niños pequeños, le aplaudía. Y continuó su espectáculo particular ignorando el dolor que sentía en una de las piernas, hasta que se le acabaron los panfletos y tuvo que entrar en el teatro en busca de más. Afortunadamente, el señor Yeegar, el dueño, era un hombre comprensivo que no tuvo reparo alguno en darle el resto de la tarde libre, en cuanto Miranda, la costurera encargada del vestuario del teatro, había corrido rauda a informarle con su habitual preocupación de su aparatosa caída, cuando ella salía un momento a comprar unas telas que le había encargado. Allen, por más excusas que puso de que podía continuar, no pudo convencer a su jefe y se cambió, encaminándose con tranquilidad hacia el piso de Kanda.

Sus ojos dieron entonces con aquella foto, pegada en uno de los lados de una cabina telefónica. La había cortado en el ordenador, para que solo saliera él, pues era el que interesaba, en los pequeños carteles que se había dedicado a hacer por su cuenta. Recordaba que todo lo que había sacado de la última partida de póker en la que timó a unos tipos en el barrio rojo se lo había gastado en fotocopias de ese cartel con su foto para buscarle. Y ya hacía una semana que el único que sonreía de forma tan grata era el de la fotografía. Allen no quería pensar que le había ocurrido algo malo, prefería achacar esa desaparición a alguna idea descabellada de las suyas. Sabía que tenía un amante, quizás esa fuera la razón de su desaparición. Deseaba que fuera eso con todas sus fuerzas. Aunque le entristecía que no le hubiera dicho nada, ni siquiera sabía quién era la persona con la que estaba. Únicamente sabía que era un hombre, mayor que él y que vivía en otro país. Solo esperaba que no se hubiera metido en problemas, solo eso, ya ni siquiera le importaba el que no pudiera ser uno de sus testigos en su boda, como hubiera querido y aún quería. Pero Allen tenía esperanzas, así que su nombre seguía en su lista de invitados y con el puesto de padrino esperándole a que le diera por regresar.

- Lavi – susurró melancólico, mirando el cartel -, ¿dónde estás?

Sin embargo, Allen no sería el único accidentado aquella tarde, una pareja era cosa de dos después de todo. Era la quinta vez que Kanda ahogaba una maldición mordiéndose los labios al cortarse desde que entró aquel día a trabajar en el restaurante, así como era la quinta vez que Jerry le preguntaba si algo iba mal y la quinta vez que él rumiaba un seco “no” y continuaba cocinando. De hecho, su compañero en la cocina no era el único que se había dado cuenta de que sus tensiones no le dejaban estar como siempre. Aquella misma mañana en el dôjo, el maestro Zhu Chan pareció percatarse de algo y le había dicho una frase a la que llevaba dándole vueltas desde entonces…

“No hay pregunta más obvia que la que nos responde todo el mundo.”

Lenalee, la camarera, volvió a traerle al mundo real, preguntándole de repente por Allen, lo cual le valió una nueva cortada con su respectiva maldición. Desde que había comenzado su trabajo de media jornada, el peliblanco no había vuelto a pasar por el restaurante y como Kanda no era muy dado a dar explicaciones de nada, Jerry se unió a la chica en su curiosidad, preguntándole si es que se habían peleado o lo habían dejado… otra vez. Para su desgracia, a ellos se les unió su jefe, el hermano mayor de Lenalee, y el marido de éste, un policía que solía comer allí habitualmente y que acababa de salir de forma oportuna de trabajar. Kanda no tuvo otra opción y tuvo que confesar la verdad…

Por eso no quería decir nada, porque las felicitaciones, los abrazos, las alegrías ajenas, todo eso lo envolvió incómodamente en cuanto anunció casi en un hilo de voz inaudible que se iba a casar con Allen. Era como habérselo dicho a Froi, su padrastro, y eso le dio unos desagradables escalofríos. Desde ese momento, no le dejaron trabajar tranquilo ni un momento con el maldito tema de la boda a todas horas, preguntándole cosas que ni se había planteado todavía pensar sobre ella. Si apenas se había prometido, ¿qué le importaba aún el lugar donde casarse por ejemplo? Si hasta finales de junio no tendría que preocuparse de…

Y una fortuita asociación de ideas llevó de repente la iluminación a la abrumada mente de Kanda en ese instante.

Quizás, pudiera darle buenas noticias a Allen pronto… pero primero tendría que abroncarle, naturalmente, no solo por como suponía que se encontraría la casa, otra vez, sino por ser el causante de sus desdichas laborales sin siquiera estar presente. Ahora, gracias a él y su inconsciente omnipresencia, tendría que invitar a los de su trabajo a la boda, a pesar de que el peliblanco ya se hubiera encargado de incluirles en la lista de invitados que hubo hecho previamente, marido de su jefe incluido. Aunque, por muy dispuesto que venía a alzar la voz nada más abrir la puerta, el japonés no pudo menos que sorprenderse al encontrarse el salón, de nuevo, empapelado de apuntes de instituto y un Allen levantando la cabeza del libro de Historia con un respingo al oírle entrar. Tenía el rostro somnoliento y se frotaba los ojos con una mano mientras le murmuraba un “bienvenido a casa” con voz ronca.

El otro no le contestó y fue directo a la cocina, encontrándosela extrañamente limpia, lo cual solo podía significar que Allen no había hecho el intento de pelearse con la cena. Hasta los platos sucios del desayuno estaban fregados. Su siguiente parada fue el baño, lugar que solía estar atestado de ropa sucia y mojado hasta en rincones imposibles. Impoluto. De hecho, se dio cuenta de que la ropa estaba tendida, así que su moyashi debía de haber hecho la colada. Siguiente, parada, su dormitorio. El uniforme de Allen doblado cuidadosamente en la silla en la que nunca estaba antes de que se acostara. Kanda no se lo creía. ¿Se habría equivocado de casa? ¿Le habrían cambiado a su prometido? Debía tener cuidado con lo que deseaba…

Al regresar al salón, Allen volvía a medio dormitar sobre el libro de Historia mientras luchaba por ojear unos apuntes a la vez. Kanda le observó un momento en silencio y solo pudo deducir que habría salido antes de trabajar por el tema del examen, aprovechando para arreglar un poco la casa al ver que tenía toda la tarde libre, en vez de hacerlo para estudiar. Probablemente prefirió perder tiempo de estudio para evitar tener que aguantarle regañándole mientras intentaba estudiar. Y conociéndole, no se habría mirado nada del examen hasta ese día, por lo que lo más seguro era que no se acostara en toda la noche.

Al pasar por su lado, camino de la cocina, el japonés le acarició la cabeza, espabilándole un poco. Al rato, la barriga de Allen empezó a gruñir con el olorcillo de la cena que le estaba preparando su anormal, para después, invadir la casa con el olor del café. Una vez su estómago quedó satisfecho, Kanda vino con una taza de café en cada mano, tendiéndole una a él. Allen, a pesar del sueño que tenía, no pudo evitar sorprenderse. Más aún cuando notó cómo el otro le quitaba tranquilamente el libro y se sentaba en el sillón, empezando a preguntarle sobre el tema tras dar un sorbo al café. El inglés quiso quejarse por ello, Kanda no debía trasnochar por él para ayudarle, pues suya sola era la culpa de que ahora se le acumulase tanto por estudiar. Pero, por alguna extraña razón que la cansada mente de Allen no quiso molestarse en saber, no dijo nada que no tuviera relación con la Historia Contemporánea durante toda la noche.

Por la mañana, no hubo beso de despedida en la entrada de casa. Sino en la puerta del instituto de Allen, ya que Kanda no se fiaba ni un pelo de dejar a su moyashi en casa tras toda la noche en vela estudiando y decidió avisar en el dôjo de que iría un poco más tarde, así podría llevar a Allen en la moto y asegurarse de que no se quedaba dormido y llegaba a tiempo al examen. Solo faltaría que hubiese desperdiciado una noche entera de descanso por aquel idiota para nada. Aunque el japonés tenía que hacer un par de cosas aún, antes de ir al dôjo…

El día se le hizo ETERNO al agotado Allen. Únicamente soñaba con el café desde que terminó el examen, pues el efecto del que tomó en el desayuno se fue en cuanto entregó la hoja de papel al profesor, así que tuvo que tomarse otro a la hora de comer y estaba deseoso de llegar al trabajo, pues camino del mismo había una oportuna máquina de bebidas que, si bien daba el café más asqueroso del mundo, al menos le ayudaría a aguantar hasta que llegase a casa.

- ¡CUIDADO, GILIPOLLAS! – le gritó un motorista de repente cuando salió del instituto, dando un frenazo frente a él. Había estado demasiado ocupado bostezando para darse cuenta de que se le venía encima. Ahora se espabiló de golpe, más por la voz que había gritado que por el grito en sí.

- ¿Kanda? – musitó sorprendido. ¿Se quedaba toda la noche sin dormir para ayudarle a estudiar, le traía al instituto y ahora venía a recogerle? Ahora era él el que se preguntaba si le habían cambiado a su prometido.


- Deja de poner cara de imbécil y sube – le espetó, lanzándole el otro casco.

Como las neuronas de Allen no estaban para razonar demasiado en ese momento, decidió obedecer y el japonés arrancó la moto. Sin embargo, al cabo de un rato y por muy dormido que fuera por el camino, el más joven se dio cuenta de que no estaban yendo por donde debían para llegar a su trabajo.

- El señor Yeegar te ha dado el día libre – le anunció tranquilamente, cuando el otro le comentó el extraño camino que recorrían -. Le dije que estabas de exámenes y no le supuso ningún problema, dice que trabajas muy bien.

Ni siquiera cayó en que en ese momento Kanda debería estar en el restaurante trabajando, solo podía pensar en que no estaba bien faltar al trabajo dos día seguidos cuando no llevaba mucho allí trabajando. El señor Yeegar era una persona tan buena y amable. Allen se sentía afortunado… y muy cansado, por lo que se dejó llevar por su anormal hasta las afueras de la ciudad sin preguntar nada más, empezando a ver zona de vegetación abundante y boscosa durante un buen rato a los lados de la carretera hasta que la moto se detuvo al fin.

Caminaron una distancia considerable por la hierba, adentrándose en el bosque cogidos de la mano. Allen no quería arriesgarse a despistarse y perderse por allí, menos aún sin saber todavía adónde demonios pretendía llevarlo Kanda. Poco a poco, fueron entrando en una zona bastante tenebrosa, hasta pasar a un claro en donde llegaba la luz del sol de la tarde con suavidad pero que con los nudosos árboles rodeados de espinos por casi toda la extensión tenía un aspecto bastante lúgubre y triste. A unos metros, entre los pocos árboles de aquel lugar, Allen pudo divisar un cristalino y silencioso lago. No podía negar que allí se respiraba paz sin duda, ¿por qué le había traído Kanda a un sitio como ese?

- ¿Qué te parece? – le preguntó de repente, sacándole de su ensimismamiento. El inglés realmente no sabía qué responder, algo que Kanda ya imaginó – Aquí es donde venimos a meditar y a entrenar a veces – le aclaró -. Ahora hace demasiado frío, pero en primavera y verano, florecen todos los rosales.

Allen empezó a entender y sus ojos grises se abrieron emocionados ante lo que intuyó que estaba insinuando Kanda. El mayor intentó no parecer demasiado ilusionado al verle, optando por permanecer con un tono neutral, mirándole mientras le preguntaba:

- ¿Quieres que nos casemos aquí, moyashi? – Allen casi ni lo pensó y no pudo más que abrazarle emocionado como única respuesta porque si abría la boca, acabaría llorando de la alegría. Pero Kanda sabía interpretar a su pequeña habichuela de sobra para saber que aquello era un ruidoso y molesto “¡SÍ!” de los suyos, así que le devolvió el abrazo mientras le decía tranquilo – Este fin de semana empezaremos a organizar nuestra boda, Allen, te lo prometo.

El maestro Zhu tenía razón. El “mundo” tiene las respuestas a las preguntas más obvias. ¿Cómo no había caído antes en un sitio tan perfecto y a la vez tan libre? Se golpeó mentalmente por haber pensado tanto en lugares hechos por la mano del hombre, eso solo se hacía por dinero. Y ellos no iban a casarse por eso ni mucho menos. A veces se le olvidaba que el perfecto pensando con el corazón siempre era Allen, pero su estúpido orgullo y su practicidad le impedían dejarse llevar por él, especialmente en los momentos que más falta les hacía aun sabiéndolo. Sin embargo, no hacía daño de vez en cuando sacarle una sonrisa al moyashi haciendo un poco el idiota igual que él. Al menos, eso le estaba valiendo por lo pronto para tener una muy buena solución para el presupuesto de la boda y para tener el maravilloso ambiente de impecabilidad y buenas vibraciones que Yuu Kanda necesitaba encontrar al llegar a casa todas las noches.

Pudo sentirlo incluso antes de abrir la puerta de entrada. Allen estaba contento, le escuchó hablar con alguien por teléfono cuando entró en el recibidor. Ni siquiera se molestó en mirar si la cocina parecía un campo de batalla o no, esa noche quería relajarse y cumplir lo que le había prometido a su moyashi.

- ¿De verdad que no te importa? – decía Allen hablando muy animado por el móvil muy concentrado, saludando silenciosamente al otro cuando lo vio entrar e ir hacia su habitación - ¿En serio? ¡Muchas gracias, Marie, no tengo palabras para agradecerte!

Al rato, Kanda regresó al salón ya duchado y se tumbó con gusto en el sofá, viendo a Allen caminar por la estancia mientras continuaba hablando por el móvil con una cara totalmente iluminada y sonriente. Una vez acabó, colgó y se giró hacia el japonés, sin borrar aquella linda expresión de su cara para anunciarle:

- Tu hermano tocará en la ceremonia, me comentó que no le importaba, que sería un honor ¡Y me ha dicho que nos conseguirá una orquesta para la boda entre sus amigos! Que si hace falta algún tipo de gasto respecto a la música, que él se encargará de ello – Allen avanzó hacia el sofá rezumando felicidad sin dejar de hablar – ¡Oh, y Froi quiere encargarse de la decoración! Parecía tan contento cuando supo lo de la boda, Kanda, no paraba de llorar, ¿no te ha llamado? – el japonés aún recordaba cómo había estado ignorando el tono que le había asignado a su padrastro, que no había dejado de sonar martilleantemente durante todo el día. Pero Allen estaba demasiado emocionado como para dejarle contestar - ¡Ah! Y Miranda y el señor Yeegar se van a encargar de proporcionar tanto nuestros trajes como los de todos los invitados – al llegar al sofá, se tumbó sobre Kanda para continuar hablando, esta vez, un poco más tranquilo -. También estuve hablando con mi maestro. Me ha confirmado que accederá a oficiar la boda a cambio de que le haga un pequeño trabajo…

- Ni se te ocurra aceptar – le miró obtusamente el mayor, llevándose las manos a la nuca. Ya se sabía el tipo de negocios que se traía entre manos el corrupto sacerdote -, ya buscaremos un cura “normal”.


- No te preocupes por eso, creo que quiere que haga algo relacionado con su boda – Allen pareció pensativo un momento. Hablar de boda y de su maestro en la misma frase se le hacía tan raro… al menos hasta que pensaba en lo chanchullero que era y que si hacía algo como aquello, debía de haber una cuantiosa razón en juego. No obstante, su boda tenía prioridad en ese momento y regresó a su emoción anterior -. Así que ya solo nos quedaría hacer un presupuesto para la comida y los elementos del banquete, hacer las invitaciones y comprar los anillos.

- Olvida el banquete – le comentó el otro, dando un suspiro de resignación -. Los del restaurante se han empeñado en encargarse de eso, quieren poner la comida, las mesas, las sillas, cubertería… no me han dado oportunidad de negarme.

- ¡¿De verdad?! – Allen no se lo podía creer - ¡Pero es mucho trabajo, deberíamos ayudarles o, al menos, pagarles por ello!

- ¿Te crees que no lo dije? – de hecho, casi no le habían dejado hablar mientras decidían todo eso entre ellos – Se niegan a recibir pago ni ayuda ninguna, quieren hacernos un gran regalo, ya que no vamos a poner lista de boda.

- Al final nos ha venido mejor de lo que esperamos la idea para ahorrar – comentó el inglés, sonriente, alzándole tranquilamente la camiseta a Kanda para besar con suavidad su pecho -. Estamos rodeados de gente maravillosa, estoy tan contento.

- ¿Acaso lo dudabas? – le preguntó, dejándose mimar – Sale más barato contribuir con parte de la boda que hacer un regalo que, probablemente, no nos haga falta ningun… mmm – el cuerpo de Kanda dio un suave respingo, al notar la boca de Allen succionarle un pezón.

- Dejemos de hablar de la boda ya – le susurró, con un mimoso deje de sensualidad, alzando el rostro hasta el suyo -. Me hace recordar lo que aún nos falta y me pone triste.

Kanda sabía a lo que se estaba refiriendo. La desaparición repentina de Lavi, aunque se encargaba de disimularlo cuanto podía, le había afectado mucho a Allen y él lo sabía. Era su mejor amigo y habían vivido muchas cosas juntos después de todo. Sabía lo ilusionado que estaba con que fuera su padrino en la boda, llevaba diciéndolo desde casi el principio de su relación. Sin embargo, su nombre seguía en la lista de invitados. Allen tenía esperanzas de que apareciera a tiempo. Y el japonés no se las iba a quitar desde luego.

- Ese conejo idiota sería capaz de quitarse de en medio con tal de aparecer justo el día de la ceremonia como regalo de boda – le susurró con profundidad, intentando atrapar sus labios mientras bajaba los brazos más allá de la cintura de Allen.

El peliblanco sonrió ante aquella forma tan personal de animarle.

- Ojalá sea así, Kanda – murmuró rozando travieso sus labios. Notaba las manos del otro acariciando sus nalgas -. Le mataré si lo hizo por eso, pero ojalá sea así.

Finalmente, Lavi y la boda fueron sustituidos de sus bocas por la lengua ajena en cuanto sus labios se juntaron. El cansancio de todo un día de trabajo parecía disiparse milagrosamente cuando su moyashi estaba caliente, así que Kanda no iba a poner impedimento alguno a que Allen calmase su hambre comiéndoselo todo lo que quisiera. A pesar del frío del ambiente, el mayor se desprendió de la camiseta mientras el otro recorría su torso sin mucha prisa pero sin detenerse lo suficiente como para desesperarle. Si de algo andaba escaso Allen normalmente durante el sexo era de paciencia. Excepto cuando quería hacerle sufrir a él, claro, sobrado de malicia iba siempre con él, por mucha carita de buen cachorrito que tuviese. Sin embargo, Allen Walker no había cenado aún, por lo que tanta hambre acumulada presagiaba una subida de las temperaturas bastante pronta en el salón.

Kanda apretaba los labios y empezó a mordérselos con tal de no dejar escapar ni un gemido inesperado. Sí, ciertamente, Allen no tenía paciencia. Su cabeza se movía entre sus piernas como si le fueran a quitar la comida de un momento a otro, ignorando totalmente los golpes cada vez más fuertes de la cadera del japonés en su cara. ¿Le gruñiría como un perro si le quitaba la erección de la boca?, se preguntó mentalmente Kanda, con una extraña sensación de placer imaginando que así fuera. En el fondo, se moría de ganas de ponerle una correa al cuello y tenerlo a cuatro patas por toda la casa como si fuera el dueño de un perrito blanco. Si seguía con esos pensamientos, que era mejor tener bien guardados para los momentos de intimidad con uno mismo, acabaría ganándose los gruñidos del otro pero por acabar sin haberle satisfecho a él, por lo que empujó la cabeza de Allen sin delicadeza ninguna para quitarle lo que con tanto entusiasmo andaba devorando. Su carita estaba enrojecida y sus ojos, vidriosos y entrecerrados por la lascivia. Aunque los colores de la cara de Kanda no se quedaban atrás. Ahora era su turno de comer.

El inglés se echó hacia atrás, tumbándose en el lado opuesto del sofá para dejar que su prometido se despachase a gusto con él. Kanda era deliciosamente desesperante, al menos, así se lo parecía a Allen. Toda la paciencia que le faltaba a él se la quedó el mayor, ya que parecía no tener prisa alguna en despojarle de la ropa y en recorrer cada pedazo de su piel con meticulosidad en su camino descendente por su cuerpo caliente y necesitado. Allen era ruidoso, al menos cuando sabía que no molestaría a nadie si dejaba escapar cada gemido que nacía de ente sus labios. Un placer para los oídos y la lujuria de Kanda, sin duda, alentándole con ello a discutir con su controlada paciencia para apresurarse en llegar a sus muslos e ir abandonándose progresivamente con la cabeza metida entre ellos.

Si los decibelios aumentaron considerablemente en los gemidos de Allen con la llegada de la boca de Kanda al sur de su anatomía, no iban a tardar en volver a crecer en cuanto parte de su torso quedó de forma vertical, de manera que sus piernas echadas hacia atrás caían a los lados de su cabeza. El regreso de la lengua del japonés, esta vez al hueco entre las dos cumbres redondeadas y suaves que formaban sus nalgas levantadas en aquel momento, le hizo morir de ansiedad por sentir más que el húmedo e inquieto apéndice dentro de él. Los dedos de Kanda fueron más que una bendición para él cuando notó su llegada, tanteando el terreno circundante antes de empezar a explorar su caliente entrada mientras no dejaba de masturbarse.

Ahora fue Allen el que empujó la cabeza de Kanda para apartarla y obligarle a sacar los dedos, pues dejó que su cuerpo se derrumbase hacia delante sin dar explicaciones y así cambiar de postura. Lo necesitaba ya. Kanda también.

El mayor se apartó un poco, sentándose normalmente en el sofá tras bajarse el pantalón casi a las rodillas. Allen no tardó en coger posición, a horcajadas sobre él apoyando las manos en sus anchos hombros para equilibrarse mientras se apresuraba en buscar a continuación la erección del otro para manejarla a su antojo. No podía negar que el morboso jueguecito que solía hacerle Kanda de cogerse el miembro y restregarle repetidas veces la punta en la entrada sin llegar a penetrarle podía llegar a ser torturantemente excitante, pero las manos de su anormal estaban asentadas en su cintura y eso le dejó claro que ninguno de los dos andaba para más juegos, sus cuerpos clamaban ya por embestir como locos.

¿Cuántas veces lo habrían hecho en tres años? Realmente debían de ser muchas, pues compensando sus temporadas de discusiones y abstinencia con las de pasión desenfrenada a más de una vez por día, al menos podrían asegurar el redondeo de la cuenta en un polvo mínimo por cada 24 horas. No era de extrañar pues que los músculos del recto del peliblanco se relajasen con tanta facilidad ante las intrusiones de Kanda, para luego contraerse y encerrar en un apretado abrazo la erección ajena. Aunque quizás eso lo hubiera aprendido a lo largo de su vida sexual, no es que hubiera perdido la virginidad precisamente con el japonés… como él tampoco la había perdido con él. Sin embargo, después de tantos polvos, a Allen aún le fascinaba la expresión de su rostro cuando le dejaba a Kanda invadir su cuerpo. Sus ojos negros brillaban henchidos de placer, se entrecerraban progresivamente hasta apretar sus párpados y anularle la visión, mientras sus labios se cerraban con fuerza para evitar gemir. Pero no podía evitar que sintiese los espasmos de su cuerpo ni tampoco, el contacto de sus manos aferrándose a su piel. No, Kanda no podía evitar ir relajando sus propias reacciones a medida que las caderas de ambos se movían, subiendo el ritmo de una suavidad incitadora a una salvaje brutalidad. Perderse en aquello era tan fácil. El calor, la humedad, el olor, la vista, los sonidos, esa melodía del móvil de Allen sonando tan lejana entre sus gemidos y el golpeteo del trasero del más joven sobre sus fuertes muslos…

¿Ese tono no era el de…?

Antes de que su cabeza pudiera terminar de dar forma a ese pensamiento, el cálido interior de Allen se le escapaba y dejaba sin su estrecho abrigo a su erección palpitante y desnuda a la intemperie. Entonces, abrió los ojos desconcertado y vio al peliblanco correr hacia el móvil como si hubiera rebajas en la sección de alimentación. No tuvo tiempo de quejarse siquiera, puesto que comprendió lo que ocurría nada más escuchar a Allen contestar a la llamada.

- ¡¿LAVI?! – Allen casi se estampó contra el suelo por agarrar el móvil antes de que pudiera cortarse la llamada. Ya le parecía que, en medio de su descontrolado cúmulo de placer le había parecido escuchar el tono de llamada de Lavi - ¡¿Te encuentras bien?! ¡¿Dónde estás?! ¡Te he llamado y mandado miles de mensajes! – tiempo de escucha. El inglés pareció levemente más tranquilo – Lavi, menos mal, estaba preocupado… y lo que estuviera haciendo ahora mismo no te importa, ¿dónde demonios estás? – Kanda oía risas. Tiempo de escucha. Los ojos de Allen se abrieron como platos - ¡¿EN RUMANÍA?! – los ojos de Kanda mostraron también su estupefacción - ¡¿Pero qué estás haciendo tan lejos?! No me digas que… Espera, pongo el manos libres, Kanda está aquí también.

- Jajajaja, sabía que estabais haciendo cositas malas los dos, Allen – se escuchó de repente del móvil la voz de Lavi en todo el salón - ¿Ya pusiste el manos libres? ¡HOLA, YUUUUUUUUUUU!


- Da gracias de estar ahora mismo en Rumanía, maldito conejo – murmuró enfadado Kanda, subiéndose el pantalón. La bajada de temperatura por la interrupción se empezaba a notar.


- Escúchame, Lavi – llamó su atención el más joven - ¿Quieres decirnos de una vez qué haces allí?

- Pues está claro, habita tonta, me he fugado con mi amante querido – soltó tan tranquilamente divertido - ¡¡¡Yo también me voy a casar, Allen!!!

- ¿En serio? – Allen parecía ilusionado - ¡Muchas felicidades, Lavi! – la chaquetilla negra que le lanzó encima Kanda para que no cogiera un resfriado le recordó que tenía frío después de todo – Me gustaría tanto abrazarte para felicitarte en persona – ciertamente, escuchar eso no le gustó nada al japonés – pero supongo que si estás tan lejos es porque os casaréis allí, ¿no?

- Jaja,sí, ya lo tenemos todo casi listo, pero necesitamos un par de testigos – continuó Lavi, sin dejar su tono feliz y divertido -… y había pensado en ti y en Yuu, ¿qué os parece la idea?

- Pues… - Allen iba a contestar ilusionado, pero Kanda se le adelantó.

- ¿Se te ha olvidado que no eres el único que se casa? – la voz del japonés sonaba secamente - ¿Cómo coño vamos a ir ahora hasta Rumanía?

- Jajajajaja, tranquilo, Yuu, Kro-chan se encargará de pagaros el viaje y los gastos que hagan falta, ni siquiera tendréis que compraros trajes para la boda.

- Entonces de acuerdo – sentenció como si nada.

- Luego dices que el pesetero es mi maestro – le murmuró Allen al japonés, con algo de apuro por ese gasto que iban a hacer por ellos… pero siendo sincero, no podrían permitirse viajar en ese momento si no era de esa manera - ¿Seguro que no supondrá mucha molestia, Lavi? ¿Es tu prometido ese Kro-chan del que hablas?

- Sí – su voz se dulcificó -, se llama Arystar Krory y vive en un castillo junto a un pueblo de Transilvania pero es la persona más buena y menos materialista del universo, así que no te preocupes por el dinero, Allen – luego, su tono regresó a ser divertido - ¡Y me tiene loco de amor y de otras cosas más sucias, jajajaja!

- Lavi - Allen rió, contagiado por la alegría del pelirrojo -… nunca cambiarás…

- ¡Ah, sí, casi se me olvida! – paró de reír de repente – Necesito que me hagas un favor antes de venir, Allen, será mi regalo de bodas, ¿nee?

Eso sí que no le gustó nada a Kanda. Conocía demasiado bien a Lavi y sus conceptos distorsionados y extravagantes de las cosas, no quería ni imaginar el que tenía sobre la palabra “favor”…

- Claro, Lavi – contestó el peliblanco con una sonrisa, ignorando la mirada asesina que le dedicaba su prometido -, pídeme lo que quieras.

Y abrazando el cuerpo tembloroso bajo la chaquetilla negra, Kanda se resignó a que su moyashi fuera tan buena persona con todo el mundo, por muy loco y caradura que éste fuera. Al menos, iban a pagarles un viaje. Precipitado y de apenas un fin de semana, además de pidiendo favores, pero gratis al fin y al cabo. Así fue pues como la pareja joven urdió sus planes junto a los de otra, viendo la luz poco a poco donde antes no la veían por ningún lado, mientras sus cuerpos enfriándose de la pasión pronto clamarían al irse a la cama por lo que había quedado inconcluso hacía un rato y acortaban así más rápidamente el tiempo de su propia cuenta atrás. Solo faltaban cinco meses...



[Continúa en el siguiente post el capítulo, es que era demasiado grande ^^U]




Última edición por ChibiMoyashi el Dom Mar 27, 2011 8:40 pm, editado 1 vez
avatar
ChibiMoyashi

Femenino Mensajes : 292
Fecha de inscripción : 21/02/2011
Localización : Allá donde se encuentren atractivos incautos a los que dejar en calzoncillos... o ni con eso
Empleo /Ocio : Fullerismo creativo
Humor : Descontrol moyashil

Volver arriba Ir abajo

Re: [FANFIC] Sí, quiero (by Chibi)

Mensaje por ChibiMoyashi el Dom Mar 27, 2011 8:39 pm



[Continuación y fin del capítulo XD]



La falsa pareja +++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

El olor era diferente. Todavía no se acostumbraba al olor de otro tabaco y otra colonia que no eran los suyos, menos aún nada más despertar. Sin embargo, a la cama no le había costado nada adaptarse. A pesar de tener que compartirla, cada uno tenía su lado y su espacio adjudicado, que no era precisamente pequeño, por lo que las noches no suponían ningún problema si no había mucho movimiento durante el sueño. Algo que tuvo que aguantar más el otro que él mismo para su fortuna. Su oído también agradecía no tener que soportar ronquidos. Sí, solo quedaba acostumbrarse al olor de otro hombre entre sus sábanas para que todo volviera a ser normal. O al menos, todo lo normal que podía considerarse algo en su vida, aún recordaba los despertares que le daba Sheryl… qué ganas tenía de irse de casa entonces. Sintió que algo le agarraba, no acertaba a saber el qué, oía algo entre sueños. ¿Cross había caído en su lado? No quiso abrir los ojos pero tuvo que hacerlo de golpe, alarmado porque ése no era el olor de su futuro marido…

- ¡Sheryl! – exclamó sorprendido Tykki, incorporándose hasta llegar al lado opuesto de la cama al encontrarse con la cara de su hermano - ¿Pero qué haces aquí, cómo has entrado en mi casa?

- Llevo una hora llamándote de todas las maneras posibles en la puerta hasta que decidí avisar a un cerrajero porque pensé que le había pasado algo a mi hermanito querido – le dijo amorosamente, haciendo un cómico y dramático puchero mientras intentaba abrazarle -. ¡Menos mal que estás bien, Tykkiiii!

- Ah, es verdad – se alejó más de Sheryl, acercándose peligrosamente al borde de la cama para huir de sus tentaculosos brazos – Me debí quedar dormido.

- ¡Pues corre a vestirte, ya vamos tarde! – volvió a acercarse a Tykki, ignorando su sutil escapada de él – ¡Tenemos mucho que hacer hoy!


Al final, Tykki acabó en el suelo y dio un resoplido de resignación. Intuía que su día iba a ser tremendamente largo. ¿En qué momento se le ocurrió dejar la organización de su boda en manos de su hermano mayor? Envidiaba a Cross por tener obligaciones que atender por la mañana para poder escaquearse del tormento que le esperaba. Debería ir aprendiendo de él, se dijo mentalmente.

- ¿Te importa? – le preguntó de forma obtusa a Sheryl, viendo cómo éste le había seguido hasta el cuarto de baño y se quedaba parado frente a él cual estatua mientras empezaba a desnudarse para poder ducharse.

- En absoluto, soy tu hermano mayor, no veré nada que no te haya visto…

¡Blam! Sheryl se vio arrastrado afuera del baño al momento y la puerta se cerró en sus narices, escuchando el pestillo a continuación. Tykki volvió a resoplar, esta vez, molesto. Con lo bien que se estaba en su nueva casa, silenciosa, grande y bonita, con un prometido que no molestaba ni estaba todo el día encima como su padre, sus hermanos y su sobrina. Hasta se había negado a traerse a su alumno a la casa nueva, aun estando todavía en el instituto. Le había dicho que ya siendo mayor de edad y habiéndose prometido, que apechugase con las consecuencias. Tykki lo agradeció en el fondo, no le apetecía sentir nada parecido a la paternidad ni por asomo, a pesar de que debía admitir que los niños se le daban bastante bien. Pero recordando de nuevo la entrada de Sheryl de aquella mañana, no estaba de más ir pensando en sugerirle a Cross el poner una puerta blindada… por si acaso.

El agua comenzó a espabilarle de forma agradable, recorriendo su oscura piel y empapando sus largos cabellos, alisándolos con su húmedo toque. Estaba deseando cortarse el pelo, pero se arriesgaba a perder el estómago a base de puñetazos de su sobrina Road si hacía eso y a Sheryl le daría un infarto si veía siquiera un centímetro menos de longitud. Soltó un nuevo suspiro. Volvía a envidiar al corrupto sacerdote con el que se iba a casar, no parecía tener amarre de nada ni de nadie. Eso le hizo observar la alianza de plata que descansaba en su anular. Había sido una mera formalidad para la cena de pedida que organizaron en la mansión familiar con la intención de presentar el nuevo miembro de la familia. Cross había sido muy sutil, se notaba que llevaba muchos años en el mundo del contrabando y pareció entenderse a las mil maravillas con su padre, el Conde, como era conocido el líder del clan Noah. Quizás por eso su padre recibió la noticia de su compromiso con gusto, a pesar de no ser algo precisamente tradicional en la familia un enlace homosexual, pareció gustarle la negociación que se trajo durante toda la cena con el sacerdote. Aunque también había tenido el detalle, en última instancia, claro, de preguntarle a él mismo si quería realmente casarse con Cross Marian. Menos mal que tenía buenas dotes interpretativas. Ahora el clan Noah los veía como una extraña pareja enamorada y bien avenida.

Sin embargo, el momento de paz de Tykki solo duraría lo que estuvo bajo la ducha. Sheryl se dedicó a arrastrarle durante toda la mañana por templos y catedrales de toda la ciudad, buscando el lugar ideal y totalmente perfecto para celebrar la ceremonia nupcial de su hermanito. Aunque Tykki se preguntaba aburrido qué hacía allí realmente, pues el que iba analizando cada detalle minuciosamente y apuntando en un portafolios todos los datos relevantes era el mayor de los Noah. Sheryl hacía cálculos aproximados de la capacidad de cada lugar, miraba la distribución, hacía comparaciones de unas catedrales con otras con referencia a la elección de las flores de una determinada floristería u otra, las especialidades de cada una, los sacerdotes disponibles, la luz que entraba a cada hora del día y de la iluminación general disponible y si era adecuada o no para la ceremonia, especialmente para resaltar los rasgos de su querido hermanito, que debía verse lo más radiante posible y no estaba dispuesto a permitir que un solo detalle que se le escapara le desmereciera lo más mínimo. Tykki se dedicó a suspirar resignado. Aquello parecía la excursión de fin de curso de un colegio de monjas…

No se libró de la organización de la boda ni siquiera durante el almuerzo. Sheryl había decidido que cada día comerían en los restaurantes cuyos cáterings estuviesen en su lista para elegir el mejor para la boda de Tykki, pues ya estaba decidido de antemano que el banquete se llevaría a cabo en los jardines de la mansión familiar. Las tripas de Tykki gruñían sin piedad, por lo que tardaba su hermano mayor en pedir mientras, de nuevo, volvía a analizar cada uno de los detalles del menú sin dejar de escribir en su portafolios. Al menor le daba igual lo que pidiera, solo quería comer de una vez. Cuando por fin Sheryl pidió, se dedicó a analizar sin piedad cada detalle del servicio, la decoración, la limpieza de cada parte de la vajilla… hasta cronometró el tiempo que tardaron en servirles la comida y midió la temperatura de la misma en cuanto la tuvo delante. Tykki se limitó a comer y a mirar el reloj, para comprobar cuánto más debía durar su agonía.

La siguiente de su cadena de torturas fue el prestigioso atelier que Sheryl, por supuesto, se había encargado de elegir para hacerle el traje de novio. De hecho, hasta le había facilitado al sastre el diseño que él mismo había dibujado para plasmar exactamente lo que quería aunque no dejase de hacer cambios cada cinco minutos, volviéndolos locos tanto a Tykki como al pobre sastre.

Tykki se vio haciendo de maniquí humano, subido en una pequeña tarima y rodeado de inmensos espejos en una amplia habitación, a la que se accedía a través de un carísimo gran cortinaje, ahora cerrado. Su hermano había decidido que todos los invitados irían de blanco, por lo que Tykki debía llevar algo negro para destacar. Así que fueron los ajustados pantalones de satén junto con las botas altas por encima de la rodilla las que serían de este color. La parte superior la componía una especie de chaqueta larga hasta los tobillos de color blanco, con una ajustada manga larga cubriendo parte del dorso de la mano mientras que la otra no existía, dejando la piel de su brazo derecho libre. El cuello era alto pero abierto, ensanchándose en la parte del pecho para volverse a estrechar en forma de pico a medida que llegaba al cierre, a la altura del comienzo de los abdominales. Por más que Tykki se mirase en el espejo, era incapaz de verse con él delante de nadie, ni siquiera de sí mismo, pero a su hermano se le saltaban las lágrimas con solo mirarle de esa guisa. Ahora se planteaba si quitarle o no la manga a la chaqueta o si hacerle la otra, o si hacerle unos puños o… Un suspiro más se añadió a la larga lista de los que habían escapado de la boca de Tykki aquel día y miró de nuevo el reloj.

- Oye, Sheryl, ¿por qué no lo dejamos por hoy? – le dijo, intentando parecer más cansado de lo que en realidad estaba – Se me hará tarde, he quedado con Cross, ya sabes, para comprar los anillos, te lo dije ayer – con la excusa de ser algo íntimo entre ellos dos, se había asegurado de que no se les acoplaría su hermano y podrían tener un poco de paz, al menos a Tykki ya se le estaba haciendo preocupantemente necesaria -. Y quizás tengamos que ir a varios sitios hasta dar con algo que nos guste a los dos, él es un poco especial para esas cosas…

- ¡Pero aún queda tanto que arreglar del traje, Tykki! – le hizo un dramático puchero – Si no te hubieras quedado dormido, iríamos bien de tiempo, así que la culpa es tuya, no metas al traje en esto – Tykki empezaba a perderse en la conversación. Cuando Sheryl se comportaba como un niño caprichoso, dudaba que se oyera a sí mismo cuando hablaba –. Seguro que ese hombre tan maravilloso que va a arrancarme a mi queridísimo hermanito de mi lado comprende tu retraso – dijo aquello, con un leve tembleque en la ceja -. Realmente me sorprendió tu elección, yo que siempre soñé con verte casado con una joven educada, bonita y de buena familia como mi adorada Tricia y no con… bueno… un hombre…


- Sí, bueno – una gota apareció en la sien de Tykki, tocaba actuación magistral -, no es que me hayan interesado mucho nunca pero, simplemente, pasó. Hay cosas que uno no puede evitar y sentí que era él.


- ¿Qué haces aquí todavía? – apareció Cross Marian de repente, cruzando la enorme cortina y llamando la atención de ambos al oír su voz – Joder, Tykki, ¿de qué vas vestido? ¿De reina de la noche?


-¡NO, NO MIRES! – gritó el mayor de los hermanos, agarrando ipso facto el borde de la cortina y lo lanzó sobre un sorprendido Tykki hasta cubrirle por entero como el manto de una virgen procesional - ¡No puedes ver el traje de Tykki antes de la boda, da mala suerte!


- Creo que acaban de adjudicar el papel de novia – ahogó una leve risa el sacerdote, dando una calada a su cigarrillo mirando el estrambótico espectáculo.


- ¡Sheryl, eso es solo con el traje de las novias! – Tykki se quitó de encima molesto el pesado cortinaje, bajando de la tarima – Y yo soy uno de los novios, eso no nos afecta en nada – luego, fue hacia Cross y tomó su cigarro, para dar una calada, necesitado -. Por cierto, ¿tú qué haces aquí? Pensé que habíamos quedado en la joyería.

Las manos del sacerdote se fueron hasta la cintura de Tykki, acercándole más a él. Ahora era el momento de su actuación.

- Es que te llevo echando de menos desde esta mañana y ya no podía esperar más para verte, por eso he tenido que venir a buscarte – musitó con una seductora voz.

- Serás tonto – susurró Tykki de forma totalmente audible, como si aquello le hubiera llegado a su corazón supuestamente enamorado y enroscó sus brazos alrededor del cuello del otro, abrazándole mientras los ojos de Sheryl se le salían de las órbitas, al ver cómo las manos del sacerdote bajaban hasta sobarle el trasero a su inocente y virginal hermanito -… Joder, podías haber llegado antes, ¿no? – le dijo al oído con disimulo, para que Sheryl no les oyera. Cross se limitó a sonreír maliciosamente.


- Supongo que con el tiempo que me lo robas todos los días ya estará todo listo, ¿verdad, Sheryl? – Cross se dirigió a su futuro cuñado, separándose un poco de Tykki pero sin apartar las manos de su trasero.

- Ejem, la verdad es que aún nos queda muchas opciones que barajar – Sheryl intentaba ignorar la posición de aquellas infames manos, mirando su portafolios e intentando fingir su típica formalidad -. Todavía tenemos que ver unos cuantos templos que no pudimos esta mañana y probar varios cáterings más, hay que ir a ver las flores a…

- Déjame ver eso – Cross liberó a Tykki y cogió el portafolios del mayor de los Noah para echar un vistazo. Su prometido aprovechó para dejarse caer en un sillón y relajarse un rato fumando el cigarrillo que se había agenciado. Sí, definitivamente, Cross también debería venir con ellos y aguantar tanta paliza como él - ¿Me prestas esto? Gracias – le dijo a Sheryl, tomándole el bolígrafo que tenía en la mano y, levantando las hojas escritas hasta el ahogamiento para dar con una totalmente en blanco, empezó a escribir mientras iba hablando – La ceremonia será en la catedral de Santa María Magdalena, donde yo oficio, y tengo un tipo que me debe un favor así que tendremos sacerdote en la fecha que queramos, ¿estás de acuerdo, Tykki?

- Totalmente de acuerdo – le respondió sin dudar, aunque luego miró a Sheryl y se vio obligado a dar una explicación -. Siendo donde Cross oficia, podremos tener siempre prioridad para todo lo que queramos, Sheryl, además, es un lugar muy grande y muy hermoso, seguro que si necesitamos algo, él mejor que nadie puede aconsejarnos por su conocimiento del sitio.

- De la música en la ceremonia se encarga mi coro y mi cantante principal, la cual quiero también en el banquete – siguió escribiendo, sin esperar más respuesta que la de Tykki -, si queréis una orquesta también, elegid la que os dé la gana, pero a María la exijo yo, ¿estás de acuerdo, Tykki?

- Sí, también de acuerdo – volvió a mirar a Sheryl -. El coro de Santa María Magdalena es uno de los mejores, además, tocan instrumentos así que se podría aprovechar para el banquete. A mí también me gustaría exigir a María, Sheryl, esa mujer tiene una voz que incita al pecado, es toda una diva.

- No quiero ver ni una flor natural en la catedral, quiero rosas de oro y enrejados con terciopelo rojo como única decoración – continuó – y, por supuesto, nada de arroz al final de la ceremonia, se mete por todos lados y es un arma de destrucción masiva muy subestimada, dispararé a cualquiera que lance nada al salir de la catedral, ¿estás de acuerdo, Tykki?

- Sí, desde luego, sobre todo en lo del arroz – apuntó, de nuevo, mirando a Sheryl -. El tema de la decoración me da un poco igual pero si Cross prefiere eso, a mí me parece bien. Sería un gesto de ostentación y buen gusto, además de originalidad, por parte del clan Noah y así no tendremos que soportar toses ni estornudos de los alérgicos a las flores si se da el caso de haber alguno durante la ceremonia.

- Perfecto – Cross siguió escribiendo, tras echar un rápido ojeo de nuevo a los apuntes de Sheryl -. De las fotografías me encargo yo, también me deben un favor y sacarán exactamente lo que quiero que saquen, pero no quiero que nadie me grabe, no quiero sentirme como en un banco todo el día, ¿estás de acuerdo, Tykki?

- Sí – de nuevo, explicación para Sheryl -, confío en Cross en ese sentido, es exigente y tiene una gran sensibilidad con el arte y la belleza, no aceptaría a cualquiera para fotografiar un día tan especial y en cuanto al vídeo, yo tampoco me siento cómodo con una cámara tras de mí todo el día, mejor solo el fotógrafo.

- Y ahora, en cuanto al banquete – siguió escribiendo -. Puesto que ya está decidido el lugar, tenéis total libertad de escoger el cátering que os venga en gana pero a los cocineros los elijo yo, tengo a los candidatos perfectos – ojeó un momento, con velocidad de nuevo -. Quiero mesas redondas, con mantelería violácea y roja con puntillas, cubertería de oro y vajilla blanca con filos de oro, igual que el cristal. Para la decoración, quiero centros de mesa en oro y rojo, ¿también de acuerdo, Tykki?

- También, también – ya ni siquiera miraba a Sheryl -, aunque ya digo que la decoración me da un poco igual pero esa está bien y los cocineros, seguro que son los mejores si tú los consideras perfectos.

- Bien, pues ya lo que resta de la organización – miró fugazmente las hojas anteriores – El menú lo hablaré con los cocineros y os daré las posibilidades que tenemos, para que podamos poner las opciones a elegir entre los invitados en las mismas invitaciones, los trajes de boda, que corran a cargo de cada uno – miró de reojo a Tykki -, las alianzas y el viaje de novios serán cosa total y exclusivamente de Tykki y mía y en cuanto esté vuestra lista definitiva de invitados, pasádmela y ya hablaremos del tema de las invitaciones y de la lista de regalos de boda – y, terminando de escribir, Cross le devolvió el portafolios y el bolígrafo a Sheryl, volviendo la mirada al menor de los Noah -, por supuesto, si Tykki también está de acuerdo.

- Totalmente de acuerdo, Cross – y dio una calada con satisfacción.

- Perfecto, pues vete cambiando, que se nos hace tarde – al pasar junto a él, le quitó el cigarrillo -. Te espero en el coche.

Entonces, una vez que Cross Marian hizo mutis tras la cortina por donde previamente había aparecido, los dos hermanos se miraron. Sheryl, estupefacto. Tykki, satisfecho. El menor solo pudo sonreír divertido y, finalmente, decir:

- ¿Y todavía te preguntas por qué le elegí a él?

El sacerdote se encendió un nuevo cigarrillo en el coche mientras esperaba a Tykki en el aparcamiento. No entendía que se pudiera tardar tanto en organizar una boda cuando él lo había hecho en cinco minutos. Si lo hubiera sabido, se habría pensado dos veces el aceptar que Sheryl se encargase de ello, pero el otro le había insistido en que si le hacía ilusión, que si era su hermano mayor, que si era el miembro con más influencia en el líder del clan Noah… Ahora el que suspiró resignado fue él. Con lo fácil que era hacer todo solo con Tykki. Deberían haberse casado en Las Vegas, como hacía la gente inteligente… Mmm, Las Vegas, la ciudad del pecado…

Sus impuros pensamientos fueron interrumpidos al ver pasar el coche de Sheryl delante del suyo, camino de la salida, lo cual querría decir que Tykki tendría que andar por allí buscándole. Abrió la puerta y salió, mirando junto al vehículo hasta que lo vio a lo lejos. Ya iba vestido de persona normal, gracias a dios. Como Cross Marian tenía demasiada clase para soltar un berrido barriobajero en medio de un aparcamiento, se inclinó para llegar al claxon, haciéndolo sonar un par de veces para llamar la atención del otro hasta que le vio. De nuevo, Cross regresó al coche y esperó a Tykki hasta que éste entró adentro.

- Deberías venir con nosotros en vez de escaquearte – le dijo Tykki aburrido cerrando la puerta, para luego encenderse un cigarro – o al menos venir antes, ni te imaginas la mañana que me ha dado Sheryl, ni comer tranquilo me ha dejado, qué pesadez…

- ¿No será – el Noah sintió la mano enguantada del sacerdote en la nuca. Su voz sonaba profunda. Una seductora sonrisa crecía en el rostro de Cross Marian acercándose al suyo – que, en realidad, lo que querías era tenerme bien cerca de ti, Tykki?

Se dejó hacer, siguiéndole la actuación. No podían olvidarse de las cámaras de seguridad del aparcamiento y era mejor dar la impresión de una pareja perdiendo el tiempo con arrumacos que la de dos tipos hablando sospechosamente dentro de un coche, pues ya se imaginaba Tykki el porqué el otro no había arrancado aún el coche…

Como venía siendo habitual cuando se hacían las entregas, Cross metió la mano bajo su abrigo y empezó a tantear buscando el arma que esperaba encontrar junto a las caderas del otro, en un gesto que parecía más bien el de un amante al que se le estaba encendiendo la pasión, pues su rostro estaba perdido en el cuello de Tykki. El Noah también había asentado su propia mano en la nuca ajena y relajaba el rostro como si gozase de lo que le estaba haciendo.

- Esto… Cross – le susurró, intentando decirle algo, cuando notó que la mano del sacerdote viajaba a lugares a los que no acostumbraba - ¡Cross!

- ¿Ahora te me vas a poner tímido? – siguió actuando, como si Tykki realmente le estuviera siguiendo la pantomima, mientras continuaba buscando el arma que debía entregarle el otro en ese momento. ¿Dónde demonios se la había metido? – No puedo esperar a tenerte en casa…

- No… para, Cross – intentó disimular, metiéndose en el papel de amante precavido, luchando por hacerse entender sin salir del juego -, aquí no… es que…

- Mmm, Tykki, eres muy malo – Cross estaba ahondando el contacto, ya se estaba desesperando de no encontrar lo que buscaba y meterle mano a un hombre no es que a él le resultase gratificante precisamente -. Mira que no darme lo que quier…

Y justo cuando Tykki estaba a punto de salirse de su papel para decirle lo que ocurría, el asiento del copiloto se aflojó y cayó de repente hacia atrás, arrastrando con él a su ocupante y al que tenía inclinado sobre él. La espalda de Tykki dio pesadamente en el respaldo y Cross le cayó encima de igual forma, quedando ambos rostros a unos escasos centímetros fortuitamente.

Sus ojos sorprendidos se miraron un momento, dejándolos inexplicablemente en stand by de forma indefinida.

- No traigo lo que buscas – le susurró Tykki, rompiendo el hechizo al fin. Entonces, Cross se cabreó.

- ¿Cómo que no me lo traes? – susurró de igual manera pero totalmente enfadado, dando la impresión de lanzarse sobre él como si la lujuria le hubiera invadido de repente, mordiendo el cuello del otro para hacerle ahogar un quejido – Esta noche tengo una entrega, no me jodas, Tykki.

- No me jodas tú a mí – le devolvió el mordisco, también entre susurros de enfado, aferrándose a su espalda como correspondiendo su pasión. Definitivamente, merecían un Óscar -. Sheryl me tiene amarrado todo el día, ¿cómo coño quieres que vaya a buscar nada?

- Pues más te vale tenérmelo a tiempo o acabaremos en Las Vegas, le guste a Sheryl o no – sentenció, incorporándose para volver a su asiento, mientras fingía recuperar la compostura tras un calentón, arreglándose el cabello y la ropa con el cigarro en la boca -. Será mejor que nos vayamos ya o nos cerrarán las joyerías.

Tykki hizo lo mismo que él tras recolocar y asegurar el asiento, dando una calada a su cigarro para relajarse. La maldita boda le tenía harto, encima de que le quitaba tiempo para sus negocios, Cross parecía echarle la culpa a él. Así que el camino en coche estuvo invadido por el silencio de ambos, pues una vez salieron del aparcamiento ya eran libres de mostrar sus respectivos enfados sin preocupación alguna. Sin embargo, Tykki se sentía inexplicablemente relajado al fin a pesar de todo. Se sentía libre.

- Por cierto, este sábado me voy a Rumanía – dijo de repente el sacerdote como si nada, al cabo de un rato -. Estaré fuera una semana.

- ¿Una semana? – exclamó el otro, entre molesto y sorprendido - ¿Se puede saber qué se te ha perdido tan lejos?

- Viaje de negocios – le aclaró escuetamente, con una tranquila sonrisa sin dejar de mirar la carretera -. Tranquilo, te traeré un regalito y te llamaré todos los días para que no me eches de menos – musitó divertido.


- ¿Quién te va a echar de menos? – le soltó aburrido, mirándole de forma obtusa - pero con todo el jaleo de la boda no deberías desaparecer tanto tiempo. Cuando Sheryl se ve con total libertad, se descontrola y no quiero llegar a imaginar en lo que se puede llegar a convertir ese día…

- Para eso tienes esa bocaza, Tykki, no puedo ser tu héroe a todas horas.

- Déjate de héroes, a mí todo esto de la organización me da igual porque no entiendo de nada de eso pero tú pareces tener las cosas más claras, podrías ayudar fácilmente a Sheryl y me haríais dejar de perder el tiempo cada día.

- Hay cosas en las que yo no me meto y tú no abres la boca, reina de la noche.

Tykki guardó silencio un momento, algo molesto al recordar su traje de boda.

- Un Noah no puede abrir la boca siempre que quiere, Cross – le aclaró, dando una calada mirando distraído por la ventanilla -. La familia es algo que no nos queda más remedio que respetar. Así obtenemos los beneficios o los castigos… no olvides lo que le pasó a mi hermano Mana…

- ¿Tienes miedo, Tykki? – le preguntó, pensativo.


- No – rotundo -, pero no quiero perder mis beneficios. Y la familia, es la familia al fin y al cabo.

- Entonces, deberías pensar si te compensan tanto la familia y los beneficios por los sacrificios y sopesar si hay otras formas de conseguir lo mismo con menos esfuerzo – el coche finalmente se detuvo y el sacerdote se desabrochó el cinturón de seguridad, para salir a continuación -. Yo ya lo hice una vez – dio la vuelta al coche, para encarar a Tykki a través de la ventanilla por donde éste se asomaba – y te aseguro que jamás me he arrepentido de la decisión que tomé.

Tykki hubiera querido darle vueltas a esas palabras durante un buen rato, pero ahora que habían llegado a la joyería más cara de la ciudad tocaba de nuevo actuar. Nada más entrar, pudo notar la clara diferencia entre Cross y Sheryl. Su hermano observaba, analizaba, comparaba, preguntaba, daba mil vueltas a lo mismo una y otra vez para cambiar de opinión a los dos segundos… Cross Marian sabía lo que quería desde un principio, sin dar explicaciones de nada, solo necesitaba su mano en la cintura para hacer saber que necesitaban un par de alianzas para su boda. Quería el oro dorado más caro, sin ningún adorno y lo necesitaba para ya, no permitió que el dependiente le enseñase ninguna pieza que no se ajustase a lo que había pedido. Una vez les mostró lo que el sacerdote buscaba, simplemente comprobaron que les iban bien y quedaron encargadas para ser grabadas en la cara interior, con una finísima cubierta de amatista la de Tykki y de rubí la de Cross. Entonces el Noah se dio cuenta de que había estado prácticamente de espectador, igual que cuando iba con Sheryl, salvo las veces que el otro le preguntaba si sus elecciones eran de su agrado y si estaba de acuerdo con ellas. No obstante, la sensación había sido totalmente distinta, no había estrés ni aburrimiento ninguno, incluso podría decir que se le había hecho corto. Y cuando miró su reloj al salir del establecimiento, se dio cuenta de que no habían estado ni media hora allí dentro. Cross tuvo que sacarle de su estupefacción.

- Me voy a casa, ¿te llevo a algún lado antes o quieres ser libre ya?

Tykki sonrió viendo cómo se alejaba el coche de su prometido, casi sin creerse que después de los estresantes días anteriores tuviese ahora toda la tarde libre para hacer lo que le viniera en gana. Si hubiera hecho aquello desde el principio, organizar todo con Cross, probablemente ya tendrían hasta las invitaciones enviadas. Respiró hondo y comenzó a caminar tranquilamente, tenía negocios que atender aún y debía pensar en qué compraría para la cena. Aquella noche le tocaba a él.

Cross Marian volvió a mirar el reloj del salón. Estaban a punto de dar las nueve y media de la noche. ¿Dónde demonios se había metido Tykki? Tenía hambre, había quedado con un cliente a medianoche y su prometido no le había cogido el móvil, por lo que supuso que lo tendría apagado o sin batería, como siempre. Estuvo tentado de pedir algo de cena pero decidió darle de margen media hora más y dio un nuevo sorbo a su copa de vino, antes de continuar tecleando en el portátil sobre la cara y enorme mesa de la sala. Diez minutos después, escuchaba unas llaves en la entrada.

Tykki llegaba al salón con una actitud tranquila, portando una bolsa de plástico que olía a comida china. Muy original. Se quitó los zapatos allí en medio, bajo la atenta mirada del sacerdote, y el abrigo, mostrando las pistoleras que tenía tanto en las caderas como bajo los brazos. Había una pistola en cada una de las cuatro fundas. El Noah dejó la bolsa en la mesa, así como las armas para que el otro las inspeccionase con sorpresa.

- ¿Y esto? ¿Ya es Navidad y no me he enterado? – Cross solo esperaba la entrega de una esa noche, no las del resto que le había pedido.

Tykki se limitó a sonreír de medio lado, con encantadora suficiencia.

- Mmm, no, eso será mañana, cuando llegue el cartero con el “regalo grande” – los ojos de Cross se abrieron sorprendidos.

- ¿Has conseguido los fusiles tan pronto? Pero si te los pedí anoche.


- Si vas a casarte conmigo por algo será, ¿no?- dijo, mirándole con seductora altivez mientras empezaba a sacar la comida – Desapareciéndote una semana se nos quedará muy parado el negocio y eso no nos conviene, además, Sheryl seguirá sin dejarme tranquilo esos días, por lo que quise adelantar trabajo – se llevó un trozo de carne a la boca - . Así puedes adelantar tú el tuyo también antes de irte.

Cross no pudo más que sonreír también de medio lado, dejando el portátil para ir a buscar una de sus carísimas botellas de vino y acompañarle durante la cena. Definitivamente, Cross Marian no podría casarse con nadie más que con Tykki, estaba seguro de eso.

Sin molestarse en recoger la mesa al terminar, el Noah se tumbó en el sofá y encendió el televisor. Cross tampoco se molestó en recoger nada, para eso pagaban a una asistenta, pero sí que cogió el portátil y lo puso en la mesita de café frente al sofá, sentándose a continuación en la alfombra persa que había bajo ella para poder mostrarle a Tykki lo que había en la pantalla.

- Mira esto, Tykki – llamó su atención, para que dejase de hacer zapping.

- ¿Qué es? – preguntó un poco aburrido, apagando finalmente el televisor.

- Es una tabla para llevar el control de los invitados de la boda – le aclaró, viendo que algunos nombres ya estaban escritos en las primeras celdas -. Aquí iría la confirmación de asistencia, si se está en duda, si no contestó o si no asistirá – fue señalando las columnas una a una y explicando -. Aquí, si vienen con acompañantes y con cuántos. Aquí, las elecciones en cuanto al menú que pondremos disponible, como ves, con cada celda para cada plato. Aquí, el regalo de la lista que hayan elegido… En cuanto Sheryl me pase su lista de invitados añadiré los nombres y…

Al girar la cabeza para mirarle y pedirle opinión, Cross se encontró con que Tykki se había quedado profundamente dormido en el sofá. ¿De qué se sorprendía? A Tykki esas cosas no le interesaban lo más mínimo, el solo quería salir del tema de la boda y vivir feliz con su contrabando de armas haciendo lo que su engañosa libertad le permitiera. No pudo menos que sonreír y cerró el portátil. Sería mejor encargarse de todo eso él con Sheryl, a su pesar, e ir informando a Tykki en el momento en que necesitaran decidir algo importante.

Cross miró el reloj. Aún tenía tiempo de ducharse y arreglarse para su cita con el cliente, incluso para hacer algunas llamadas más. Esa noche llegaría tarde. Ahora, miró a Tykki durmiendo. Tras el momento de ausencia mental repentino, se incorporó y comenzó a desabrocharse la sotana, para luego extenderla sobre el cuerpo del Noah hasta cubrirle desde los pies hasta el cuello. Afortunadamente, Tykki era algo más bajo y menos corpulento que él. En camisa, como solía ser difícil verlo, se encaminó hacia el baño. Pero antes de traspasar el umbral de la puerta del salón, volvió a detenerse y echó un último vistazo a Tykki en el sofá.

Y antes que admitir que por primera vez en toda su vida un hombre le había parecido lindo, el corrupto sacerdote se fue a la ducha para pensar en qué burdel iba a acabar la noche de trabajo que le esperaba, mientras en el salón, un durmiente Tykki se acurrucaba inconscientemente en su suave e improvisada manta, cuyo olor pudo sentir de forma reconfortante, soñando que volaba. Ambos, a su manera, acortando así el tiempo de su propia y desesperada cuenta atrás. Solo faltaban dos meses y medio…




Continuará…






Sorry por la largura pero así son los preparativos de las bodas, largos y tediosos, como este capítulo xD (Aunque no os quejaréis las que no os va el KroLavi, que los pobres son los de la parte más corta esta vez, que ni casi diálogos han tenido ^^U). Aunque igual también parece más largo porque hay mucho diálogo esta vez.

El principio de la pareja joven es un homenaje al principio del capi 4 del anime de Gravitation, quien lo haya visto le sonará XD Es que cuando pensé en esa escena para Allen y Kanda, me vino a la mente exactamente las mismas acciones y palabras y luego caí en ello XDDD

Esta vez tocó lemon Yullen, y esperaba que para el próximo solo tuviera que poner un spoiler... pero no sé, igual hay más de uno, ya veremos como ando yo después de los exámenes XD (Que ya sabemos lo que toca siempre tras las bodas por la noche ¬w¬... o durante ellas XDD)

Espero que la aparición estelar de Sheryl haya sido de vuestro agrado, mi mente siempre se quiso imaginar cómo se comportaría si Tykki decidiera casarse alguna vez XD

¡Gracias por leer y comentar!


[Y sí, el traje de boda que Sheryl pretende que lleve Tykki es el blanco queer que lleva ahora Tykki en el manga XDDD]

avatar
ChibiMoyashi

Femenino Mensajes : 292
Fecha de inscripción : 21/02/2011
Localización : Allá donde se encuentren atractivos incautos a los que dejar en calzoncillos... o ni con eso
Empleo /Ocio : Fullerismo creativo
Humor : Descontrol moyashil

Volver arriba Ir abajo

Re: [FANFIC] Sí, quiero (by Chibi)

Mensaje por † Kamelott † el Mar Mar 29, 2011 7:43 pm

Sugoiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
Me gusto este capitulo, ambas partes, que si fue largo esta vez para tener que dividirlo en dos!!
Esta vez me lo lei completo, la parte Yullen de vicio, *¬* Aunque para viciosa tu y ellos xDDD La parte de Lavi y Krory si fue mas corta esta ves y la de Cross y Tyki la mas larga practicamente xD
Me encanto Sheryl jajajaja y el final esta maravilloso *3*

Esperare a ver como siguen las cosas :3
avatar
† Kamelott †

Femenino Mensajes : 75
Fecha de inscripción : 27/02/2011
Edad : 27
Localización : Dentrás de tí.
Empleo /Ocio : Estudiante y roleadora.
Humor : ^^

Volver arriba Ir abajo

Re: [FANFIC] Sí, quiero (by Chibi)

Mensaje por ChibiMoyashi el Mar Mar 29, 2011 8:16 pm

XDDD Of course! Adoro escribir lemon *w* (aunque no acostumbro a escribirlo tan rápido y con tan poco detalle pero la extensión obligaba a ello ^^U) y ellos adoran hacerlo XDDD pero bueno, les tocó interrupción a los pobres míos, ya les compensaré más adelante XD

La de Kro-chan y Lavi es que es prácticamente una boda relámpago, así que tampoco había mucho más que contar, aparte de las típicas cosillas que empiezan a ocurrir cuando pasas de vivir con tu novio después de años viéndolo cada X meses a escondidas ^^U

No sabría decir qué parte es más larga esta vez, si el Yullen o el CrossTykki, pues tienen bastante diálogo las dos. Aunque sí, creo que la falsa pareja se pasó en largura, por el tema de la organización principalmente, y eso que solo describí un día XD Me alegro de que te gustara Sheryl, quería que pareciera un niño el día de Navidad XDDDD aunque me hubiera gustado que abriese un poquito la boca durante el casi monólogo de Cross pero bueno, se habría alargado mucho más y creo que tanto él como Tykki se sorprendieron por la velocidad y la seguridad de Cross en el tema de la organización (gustándole las cosas hermosas y caras, tampoco me extraña, la verdad xD)

Y el final... ya dije que Cross y Tykki llevan su ritmo XD Su boda es la que más ganas tengo de escribir, habrá momentos épicos XDDDD (a ti lo que te va a gustar es la Luna de miel, Lis, te lo aseguro, creo que todo el capítulo estará en spoiler XDDD)


Nee! Gracias por leer y comentar!

avatar
ChibiMoyashi

Femenino Mensajes : 292
Fecha de inscripción : 21/02/2011
Localización : Allá donde se encuentren atractivos incautos a los que dejar en calzoncillos... o ni con eso
Empleo /Ocio : Fullerismo creativo
Humor : Descontrol moyashil

Volver arriba Ir abajo

Re: [FANFIC] Sí, quiero (by Chibi)

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.